jueves, junio 16, 2011

Processo di adattamento

El hecho de haberme mudado aquí como es lógico ha supuesto grandes cambios en la vida de ambos.
Si al principio me preocupaban los que afectaban a mi vida, al llegar aquí empecé a preocuparme por los que afectaban a la suya.
Lo primero que me echaba un poco para atrás (después de los evidentes hechos importantes como tomar la determinación de vivir con otra persona, etc) era el miedo a invadir su espacio.
Sí, porque vivimos en la que ha sido SU casa mucho antes de que yo llegara.
Y os podeis imaginar, la casa de un chico joven que vive solo... minimalista y sin ningún toque femenino (quitando el pasillo pintado de rosa que ya venía en el pack cuando él alquiló la casa).

¿Hasta dónde tenía yo derecho a cambiar las cosas?
¿Y si después resultaba que la impresión de vivir en SU casa y no en NUESTRA casa, no desparecía?

La solución más rápida y lógica para mí habría sido alquilar otra casa en la que empezar desde cero nuestra vida juntos, pero deshacernos del chollo que tenemos ahora nos parecía un delito.
Y cuando digo chollo, me refiero a chollo de verdad, porque una casa de 3 habitaciones, reformada justo antes de que él se mudara y a escasos metros de la playa de Riazor por un precio de alquiler ridículo (menos de lo que en muchos sitios cuesta alquilar una simple habitación)... dudo mucho que la encontremos.

Una de las cosas que menos me gustaba era una pared del salón que estaba prácticamente forrada con fotos de sus amigos/as.
No digo que uno al convivir tenga que dejar de tener fotos de la gente que conoce, pero una pared entera del salón... me hacía sentir un poco rara. De alguna manera acentuaba la impresión de estar viviendo en SU casa, pero no me atrevía a decirselo por miedo a que pensara que quería de alguna manera organizar las cosas... hasta que un día volví de dar una vuelta por ahí y me encontré la pared vacía y la propuesta de sustituir lo que había por fotos de nuestros viajes.

Un fin de semana me fui a Madrid a arreglar unos papeleos y al volver Él había reconvertido el cuarto de la plancha en despacho/taller para mí.
Así que el miedo que tenía poco a poco se fue esfumando y dejó paso a las ganas de poner las cosas a "nuestro gusto" a pesar de toda la gente que nos echa la bronca por comprar cosas para una casa que tenemos de alquiler.

¡Horror! ¡No se compran muebles y cosas bonitas para casas que no son tuyas!

Y si no me quiero comprar una casa nunca en la vida, ¿vivo en un sitio feo y a medio amueblar porque no me pertenece?

Poco a poco me voy sintiendo "en casa", aunque en las escrituras no estén nuestros nombres :-)

1 comentario:

maba dijo...

jajajaja.. yo vivo en una (maravillosísima) casa de alquiler.. que nos costó una pasta arreglar. Todo es nuevo. A nuestro gusto. Incluso la cocina. para todo el mundo es una locura, pero nosotros hicimos un buen trato. Pagamos una híper miseria de alquiler a cambio de llevar nosotros los gastos del arreglo. Te aseguro que nuestra casa es increíblemente maravillosa. Aunque no esté a mi nombre, ni al suyo. Pero es nuestra

y sí, los espacios hay que hacerlos de uno.

besos