martes, mayo 03, 2011

A cena con lui

Cuando en una relación se alcanza un determinado grado de confianza, las cosas pueden llegar a ser poco menos que absurdas.

El otro día Él y yo fuimos a nuestro restaurante favorito a celebrar nuestro aniversario.
Tras colocarme estrategicamente unas tiritas preventivas, me puse unos zapatos rojos con un tacón de vértigo que nunca antes me había atrevido a usar.
Él decidió ponerse... unas bermudas vaqueras.
En fin, cosas que pasan.

Tengo que decir que con esos tacones una se siente más mujer.
Es una chorrada y evidentemente se puede ser muy mujer con zapatos bajos, pero de vez en cuando ese toque extremadamente femenino sienta muy bien (a los pies no tanto, pero bueno).
Mujer cuando estás sentada con las piernas cruzadas y toda mona... pato mareado en cuanto intentas caminar con normalidad por un restaurante que en lugar de baldosa tiene piedras en el suelo.

Pero hoy no he venido a hablar de tacones.

Volviendo al tema de la confianza y lo absurdo de algunas cosas.
Mientras estábamos esperando a que nos sirvieran unas zamburiñas rellenas (qué ricas por Dios)
escuché (sin querer, claro...) la conversación de la pareja que teníamos al lado.

Les acababan de traer la carta y de cantar algunos platos que se servían fuera del menú habitual
y de repente:


- Puesss... yo voy a pedir codillo relleno -
Dijo él, con un tono que sugería un tanteo más que una afirmación.
Mirada baja, perdida en la carta, como un niño que ha sido malo y espera su castigo con la cabeza gacha.

- Codillo!!! No cari, que luego vas a estar fatal toda la noche. -
La contestación de ella, tajante, sin dejar lugar a réplicas.
No te comes el codillo ni de coña. Punto.

Es evidente que el hombre estaba tanteando, lanzando un farol y si cuela cuela. Pero no coló.

Y digo yo.

¿A tí qué te importa lo que quiera comer o dejar de comer tu pareja?
¿Eres su madre acaso?
¿Te va a sentar mal a ti?

- Y tú qué te vas a pedir cari? -
La pregunta de él, supongo que para tantear el nivel de grasa permitida en la cena

- Ay, yo la berenjena al horno -
Como si la berenjena al horno fuese lo único comestible de toda la carta.

Mal asunto!!!

La misma escena se repitió cuando llegó el turno de los postres.

Yo pedí un maravilloso coulis de manzana con helado de vainilla y mi Él un maravilloso flan de mascarpone con frutos rojos que estaban para morirse.

La pareja de al lado compartió un sorbete de limón tras la negativa de ella a pedir postre individual.

Casi me sentía mal al ver la mirada del chico de al lado clavada en mi postre.

Disfruté mucho de la cena, me emborraché con el vino blanco y el licor café casero, fue una noche estupenda y me preguntaba si el chico de al lado se fue a casa igual de satisfecho.
¿Y ella? ¿no tendrá remordimientos por no haberle dejado darse el capricho de cenar lo que le venía en gana?

¿Cómo puede una persona llegar a la conclusión de que puede decidir qué pide su pareja en un restaurante?


(Modo "llevo un siglo sin actualizar y me pongo a escribir como si nada" off)

5 comentarios:

maba dijo...

qué alegría!!

da igual cuando tardes, lo que importa es saber de ti de vez en cuando!!!

y no tienes esa sensación muchas otras veces?? de que (no sé por qué) ellos están como "sujetos" y yo me pregunto, somos tan malas?? en serio olvidamos tan pronto que cuando decidimos que lo queríamos a Él, era con lo bueno y lo malo???? con lo que nos gusta más y con lo que nos gusta menos???

besos

PD: somos tocayas de zapatos rojos con taconazo ;)

PINGÜIS dijo...

En este mundo de parejas desechables, uno ya ni sabe....
yo me pregunto que mas van a decidir por uno....

Ingrid dijo...

Te he encontrado aun no se cómo, pero tiene muy buena pinta tu blog. Espero que lo actualices pronto!

Otratazadecafe dijo...

maba: sí, es increíble, más de una vez parecen pedir "permiso", no somos sus madres!

Pingûis: lo peor es que se dejan.

Ingrid: bienvenida!

Krups dijo...

Hola, he descubierto tu blog dando vueltas por Internet y me he sentido muy identificada contigo.
Yo muchas veces he tenido esa sensación al ver a otras parejas. Que si "con eso no sales a la calle", que si "qué infantil, a ver cuándo maduras"... Recuerdo cómo me insistía mi ex-suegra para que le tirara a la ropa a la basura a mi pareja de entonces!! Me decía: "¿Cómo no te da vergüenza salir con él a la calle con esa ropa? Tú tírasela y le compras otra, y ya verás como no se queja mucho!"
Un horror, no entiendo como algunos tíos aguantan tanto y se dejan mangotear por sus novias, a veces pienso que algunos asimilan que es normal, les da miedo romper con la inercia, dejar a su "mamá" y estar solos, no sé...