martes, mayo 24, 2011

Andarsene di casa

Hace tiempo escribí en algún lado que admiro a las personas capaces de cambiar su vida de un día para otro.
Ahora que yo misma lo he hecho, entiendo que no estaba equivocada, porque hacerlo supone un gran esfuerzo en muchos aspectos de la vida.
Supongo que depende de la situación de cada uno, pero venirme a vivir tan lejos de mi familia me ha costado y me cuesta inmensamente.

Al principio me felicitaba a mí misma de lo bien que lo estaba haciendo.
Muy bien, has sido capaz de venirte hasta aquí y adaptarte a la situación sin despeinarte.
Nos queremos tanto y es tan bonita esta ciudad...

Ilusa de mí, creía que todo había sido un simple trámite.
No contaba con que, al trabajar en casa, iba a pasar mucho tiempo sola y me iba a dar mucho tiempo a echar de menos a mi familia.

Que se me caería la lagrimilla de vez en cuando al escuchar alguna canción de las que suele poner papá los fines de semana, que no iba a poder compartir los sábados por la mañana con mamá haciendo la compra, que iba a echar inmensamente de menos a mi hermana y mejor amiga que a partir de ahora tendría que planificar sus salidas y sus fines de semana sin mí...
... y que los haría sufrir con mi ausencia.

A veces me siento como si los hubiese traicionado.
Cuando vamos de visita los veo hablar entre ellos de cosas que desconozco porque ya no vivimos juntos y pienso que yo sigo formando parte de la familia pero no de la misma manera.
Se me hace tan raro referirme al lugar donde vivía antes como "la casa de mis padres", llevo poco tiempo aquí como para sentirme como en casa.
Estoy bien, soy feliz, estar aquí con Él es lo que quiero, y la idea de separarnos aunque sea un fin de semana me horroriza, pero la certeza de que la relación con mi familia nunca volverá a ser como antes se vuelve un nudo en la garganta de vez en cuando.

Madurar también es aceptar de una vez por todas que en la vida no se puede tener todo, que hay que renunciar a cosas importantes para encontrar el propio camino.

2 comentarios:

maba dijo...

aunque vivieras más cerca de ellos la sensación sería la misma.. porque efectivamente todo cambia. y, sí, en la vida siempre se pagan "precios" (esto me lo dijo una psicóloga y es cierto)

pero siempre tiene que ganar lo "bueno" y a tu familia.. está claro que no la perdiste, ni la perderás nunca

besos

javier dijo...

Me alegra volver a leerte y que te vaya muy bien por ahí.

La verdad es que suscribo todo lo que dices; tenía una relación fantástica con mi madre y desde que me marché de casa, hace casi un año, ya no es lo mismo.
Voy dos veces por semana a verla a ella y a mi hermana (y a un nuevo miembro de la familia, Orion, un Golden Retriever precioso) pero a veces los silencios se hacen largos e incómodos.

No les has traicionado, es otro proceso más de la vida, de madurar.