jueves, julio 22, 2010

Alzarsi presto

Nunca había estado en un lugar donde la gente hablara tanto y tan a menudo del tiempo.
Al principio me parecía absurdo, pero ahora entiendo por qué.

En las mañanas en las que Él entra temprano a trabajar, el despertador suena a las 5.30.
La semana de "primera línea" para Él es dura...

Podría quedarme en la cama mientras escucho los ruidos que hace en la cocina, el murmullo de las noticias en la tele, mientras prepara el café o entra de puntillas y a oscuras a buscar su ropa
Podría dejar que me diera un besito cinco segundos antes de salir por la puerta, y saludarlo con la sonrisa entre dormida y despierta... pero prefiero levantarme.

Así soy yo quien prepara el café con café.
Con café, sí, porque cuantas veces hemos hablado del número de cucharaditas de café que hay que echarle a la maquinita para que el agua se convierta en un café de verdad?


Quizá no tenga mucho sentido madrugar tanto para preparar un café que yo no consigo tomar tan temprano, a primera hora de la mañana siempre tengo el estómago cerrado.
Pero me gusta tanto compartir esa media hora de prisas y sueño...

Oigo el sonido de la ducha mientras la cocina se inunda con el olor a café recién hecho y el característico sonido de la cafetera. Al otro lado de la ventana, en el patio interior, está todo a oscuras y a estas horas no se oye ni el sonido de las gaviotas que habitualmente nos acompaña.

Después me quedo apoyada en el marco de la puerta del dormitorio, observando como se anuda la corbata delante del espejo de la cómoda...
Le sonrío y leo en su cara lo que está pensando: (de qué se reirá esta vez).
No es el momento de explicarle que sonrío simplemente porque soy feliz, a pesar de que sean las 5.30 de la mañana.

Nos despedimos en la puerta, me quedo observando cómo baja corriendo la escalera, porque para variar, llega tarde.

Vuelvo a la cama un ratito más, pero no sin antes abrir un poco la ventana, para dejar entrar esa brisa con olor a mar a la que ya soy adicta.