martes, mayo 27, 2008

A cuadros

Así es como me he quedado tras tomar en consideración algunos trozos de conversaciones que he tenido últimamente con algunas personas.

1. Hablando con mi amiga y vecina J. sobre su inminente examen de inglés de la escuela oficial de idiomas:

OtraTazadeCafé: pues si yo ahora mismo tuviera que hacer un examen oral de inglés, moriría de vergüenza.
Amiga J.: ¿tú? ¿vergüenza? ¿¿¿con lo lanzada que eres???






2. Hablando con Mr.N. sobre la famosa comunión

OtraTazadeCafé: y ahora a sentarse en la mesa con toda esa gente que no conozco de nada, qué palo...
Mr.N.: ¿cómo que "qué palo"? ¡con lo abierta que eres!






3. Hablando con mi hermano sobre los familiares de Mr.N.

OtraTazadeCafe: quedarme a dormir en casa de los padres de Mr.N. no me hace mucha gracia... son muy amables y se empeñan en que me comporte como si estuviese en mi casa pero no soy capaz. Vamos, no me veo abriendo la nevera como Pedro por su casa.
Mi hermano: anda ya, seguro que luego llegas ahí y como si nada, como siempre.






Supongo que estarán de coña (espero).

Porque no es posible que a estas alturas de la película todavía no se hayan dado cuenta de que soy un ser tímido y cuasi-antisocial ¿verdad?

viernes, mayo 23, 2008

Crónica de una comunión

Cada vez que cierro los ojos veo madres pintadas como puertas, cubiertas de encaje, en equilibrio sobre tacones de 15 cm. gritandole a Menganito que si se arruga la camisa lo lamentará.
Me pregunto cuál será el récord total de niños en una misma comunión pero sospecho que el domingo nos acercamos bastante.
No aguanté mucho tiempo en la iglesia y menos mal, porque la ceremonia duró más de hora y media.
Había una voz estridente que resonaba en kilómetros a la redonda, que iba indicando a los familiares lo que tenían que hacer, lo cual me horrorizó bastante.
Aquello más que los alrededores de la iglesia parecía un Carrefour, sólo faltaba que le pidiesen a alguien que retirara su vehículo.

Resulta que al final la familia de N.R. fue más sensata de lo que yo pensaba y en lugar de montar un banquete en un restaurante, montaron unas mesas en su casa.

Cuando N.R. abrió el regalo entre la multitud de familiares que había allí congregados, oí una especie de murmullo en plan:

- oh, es un juguete
- un juego!
- ¿Quién le ha regalado esos "playmobi"? (esto último me mató, lo reconozco)

El mejor momento del día fue cuando N.R. sentenció indignado:

- ¡ESTO no es un juguete! ¡Es La Estrella de la Muerte!

Creo que hasta empezé a quererle, aunque duró poco.

Cuando todas las mujeres que había en casa empezaron con el ajetreo de platos, sillas, servilletas, etc. y Mr.N. había desaparecido en combate como siempre, divisé un grupo de hombres apiñados sospechosamente en un sofá, delante de la tele: Estaban viendo Moto GP.
Me encantan las carreras, no me pierdo ni una y si ellos podían verla ¿por qué yo no?
Así que me hice sitio en un brazo del sofá y en un momento ya había discutido con todos ellos para defender con uñas y dientes a mi Valentino Rossi... ¡que estaba remontando!
Lo estaba pasando bomba y pensando que al final el día iba a ser mejor de lo que imaginaba, cuando de repente noté una manita en mi hombro.
Me giré y allí estaban las pequeñas y sucias manos de N.R. sujetando los mandos de la Wii a la altura de mi cara.

- Me ha dicho tío Mr.N. que te vengas a instalarme esto, que tú tienes una.

¡Será cabrón!

Miré a los demás ocupantes del sofá que seguían mirando la pantalla, disimulando para hacerme creer que no habían oído nada.

- Sí... ahora voy... es que...

Y de repente aparecieron otros 15 niños diciendo que querian jugar a la wii YA.
Así que tuve que levantarme e instalarles la dichosa consolita, organizar turnos y explicarle a N.R. que no podía jugar él todo el rato aunque fuese el día de su comunión.

Y como ya me había perdido media carrera, aproveché para vengarme y pegarle una paliza a los bolos.
Creo que la próxima vez se lo pensará dos veces antes de venir a buscarme para que le instale algo :P

Al final me tocó firmarle en el libro-recordatorio: Anda, ponle algo bonito al niño, para que cuando sea mayor lo lea y se acuerde.

- Siento haberte apalizado a los bolos, la próxima vez echamos un tenis.
Fdo. OtraTazaDeCafé.

viernes, mayo 16, 2008

Dios te salve, María...

El domingo tengo la comunión de N.R. (Niño Rancio, sobrino de Mr.N.)

¡Una comunión!
Yo que pensaba que ese tipo de eventos estaban completamente obsoletos ya y resulta que ahora no sólo sigue existiendo eso de la primera comunión sino que cada vez se parecen más a banquetes de bodas.

Mis padres ni siquiera me bautizaron.
Ninguno de los cuatro hermanos hemos hecho nunca la comunión.
He leído bastante la biblia (por curiosidad, básicamente) pero no tengo ni idea del "protocolo" de iglesia.
Fui a un colegio de monjas en Roma porque estaba justo en frente de la que por aquel entonces era nuestra casa, pero lo único que recuerdo de aquello es que los sábados por la mañana había que ir a clase con una pieza de fruta y un paquete de tabaco para los pobres* y que era la única que no se levantaba a decir las oraciones antes de empezar las clases.

Como decía... del protocolo sólo sé que algunas veces dicen algo de "la paz" y hay que darle besos o apretujones de mano al primero que pilles.

Así que en las ceremonias, cuando el cura dice esas frases a las que hay que contestar en coro, me quedo sentada en mi sitio y la gente me mira de reojo.
Los que me rodean me hacen gestos para que me levante, que queda feo y yo me pregunto si no es peor levantarse en esos casos cuando la cosa ni te va ni te viene.
Quedarse fuera tomando una caña sería una opción, si no provocara esas miradas asesinas de: Sólo has venido para ponerte morada en el banquete.

Hay que hacerle un regalo a N.R., que para los niños los regalos de comunión son el único aliciente de ese mini-circo.
La madre de Mr.N. había sugerido una suerte de cadenitas, anillos-sello, boli dorado con la fecha de la comunión grabada y todo un sinfín de regalos-putada.

- Sí mujer, una cadenita y así la lleva siempre en el cuello.

Dios me libre de comprar esas horteradas.
Le he comprado La Estrella de la Muerte.




* En Italia hay clases los sábados por la mañana también y no, el paquete de tabaco no lo llevaba nunca, con consiguiente bronca de la monja-profe, claro está.

viernes, mayo 02, 2008

Regresiones

Llevo unos días con gripe y un mal estar general horroroso, hace tiempo que no me encontraba tan mal.
De todos mis males sin duda lo que más me fastidia es este dolor de garganta que no me deja ni hablar.
El miércoles no me podía ni mover así que me quedé tirada en mi cama todo el tiempo.
Supongo que bañarse en el mar en abril no es buena idea, porque aunque haya 30º el agua está congelada. Pero no lo puedo evitar, si llevo el bikini y estoy al lado del mar, una piscina, un río o un lago... ¡me tengo que bañar!

Lo único bueno de tener gripe cuando vives con más gente es que te cuidan y te preguntan constantemente cómo te encuentras, te traen calditos a la cama e incluso quién normalmente no pisa tu cuarto, viene a hacerte alguna visita.

Incluso mis gatas que casi nunca se dignan a subir hasta mi buhardilla se han pasado los dos días tiradas encima de mi cama, yo creo que los animales nunca dejarán de sorprenderme.

Lo mejor de todo es que el miércoles por la tarde mientras estaba adormilada con esos dos seres peludos enroscados a mi lado, sentí una presencia.
Bueno, suena un poco a "hecho paranormal" eso de la presencia, pero ¿no os ha pasado nunca que a pesar de no haber escuchado ruido ni pasos habeis sentido que hay había alguien ahí?

Me dí la vuelta, abrí los ojos... y me encontré a mi padre de pie, delante de mi cama, mirándome atentamente, como hacía cuando yo era pequeña. Se quedaba ahí observandome, como si intentara adivinar mi estado de salud analizando mi cara y mi respiración mientras yo me hacía la dormida.
Pero esta vez le sonreí y él me devolvió la sonrisa. Después plantó su mano en mi frente, sacudió la cabeza y dijo casi en un susurro: parece que no tienes fiebre.
Luego le hizo un par de perrerías a las gatas, las miró sonriente, como alegrándose de que me hicieran compañía.
Y tal como vino, se fue.

Y yo seguí sonriendo, alegrándome por un momento de estar en este lamentable estado.