viernes, noviembre 30, 2007

En construcción

Voy a modificar el blog, así que puede que durante las próximas horas esto esté "inestable".
Todavía no he pasado mi blog al nuevo formato de blogger y no sé lo que ocurrirá cuando lo haga. Lo único que espero es que no se me pierdan cosas por el camino...

Editado unas horas después: misión cumplida :)

miércoles, noviembre 28, 2007

Hechos reales

Él volvía del "trabajo" con confeti en los bolsillos.
Confeti, qué absurdo.
Ella lo encontraba cuando revisaba los bolsillos antes de llevar la ropa al tinte, porque nunca se sabe. ¿Quién no se ha dejado algún billete o algo importante en un bolsillo alguna vez?
Cuando él regresaba a casa, daba explicaciones confusas sobre qué había hecho, dónde había estado.
Le decía que estaba en la oficina, sin pensar que alguna de sus compañeras de trabajo conocía a su mujer.

La confianza por parte de ella había desaparecido. Le preguntaba directamente: "¿Te ves con otra mujer?"
Él se reía y lo negaba todo, "estás loca" le decía, pero seguía con sus extrañas excusas.
Llegaba tarde y se inventaba atascos donde no los había. Se le "pinchaba una rueda" día sí día no.
Dejaron de llegar las cartas del banco en las que aparecían los extractos de las cuentas.

Ella quería averiguar si sus sospechas eran fundadas, si la traicionaba, quería pruebas, porque no quería creerlo.
Después de buscar y buscar por las páginas amarillas, después de horas hablando sobre si lo que estaba a punto de hacer era correcto o no, se decidió: contrataría a un detective privado.

Escogió un nombre y un número de teléfono, sin ninguna referencia.
¿A cuantas personas conoces que hagan uso de este tipo de servicios?

Al día siguiente lo conoció personalmente.
No era como los detectives de las películas.
Se sentó en el mismo sillón donde su futura víctima solía sentarse en pijama a ver el fútbol.
Preguntó algunos datos: qué coche llevaba él, cuál era la matrícula... quería una foto reciente y los horarios que llevaba, por dónde se movía.
Ahhh... eso era complicado, más aún de lo que ella imaginaba antes de descubrir que él nunca estaba donde se suponía que debía estar.

Ella le llamaba al móvil y preguntaba "dónde estás?".
"En la oficina trabajando, dónde voy a estar a estas horas".
Pero no estaba, nunca estaba y el detective lo sabía muy bien, porque hacía guardia y no le veía entrar ni salir.

Hasta que, un día, su Sherlock particular llamó muy agitado.
Había cumplido "su misión", había descubierto que ese señor se veía con una mujer.
Una mujer atractiva, morena, pelo largo, alta, delgada, elegante... mucho más joven que él, no tendría más de venticinco años.
Le había visto saludarla en un portal, con un beso en los labios y después se habían montado juntos en el coche. El mismo coche que usaba para ir a hacer la compra con su mujer y su hija.

El problema era que ese señor, su marido, el que la traicionaba con una mujer más joven, se había dado cuenta de todo.
Y mientras el detective lo perseguía subido en un taxi madrileño, había parado el coche en doble fila, se había bajado tranquilamente y se había dirigido directamente hacia el taxi. Después se había sentado junto a él en la parte de atrás y le había preguntado: "te manda mi mujer?".

Había topado con el detective más torpe de la guía.

Al cabo de un rato, ella recibió otra llamada:

"Lo he descubierto todo. Voy para allá".

La verdad es que ese día más de uno descubrió algo...