miércoles, julio 25, 2007

Hermana Mayor

Mi buen propósito de escribir como mínimo un post por semana se ha ido al carajo.
Bueno, que no se diga que no lo intenté.
Tengo etapas en las que escribo sin parar, escribo decenas de post, es ponerme delante de un ordenador o un cuaderno y empiezo a escribir como loca. La mayoría los guardo en borradores, en archivos txt, en mi diario de papel, en mi cabeza... Pero claro, no se puede publicar todo, tengo una reputación que conservar :P

La semana pasada por un momento pensé que mi hermana menor había descubierto mi blog y casi me da algo.
Luego pensándolo bien, repasando mentalmente todo lo que he escrito aquí... no he matado a nadie ¿no?
No sé por qué pero ella es la última persona que me gustaría que leyese esto, quizá porque aún tiene 13 años y creo que podría malinterpretar algunas cosas.

Mi hermana menor es la única persona de mi familia con la que me abrazo y me beso. Será por la enorme diferencia de edad que hay entre nosotras y porque cuando nació me propuse que con ella sería distinto, el caso es que nunca se ha reprimido el echarme los brazos al cuello cuando vuelvo del trabajo o darme un beso de buenas noches antes de irse a la cama y por mi parte, cada vez que la tengo a tiro, la achucho un poco, para no perder la costumbre.
Compartimos habitación desde que nació y aún llora cuando digo que, como todo el mundo, algún día me iré de casa.

Últimamente nuestra relación se ha visto un poco tocada, porque está en una edad difícil en la que quiere empezar a hacer determinadas cosas y me he dado cuenta de que ella espera que me ponga de su parte, que medie con mis padres para que le dejen hacer lo que quiere, pero soy incapaz.
Ya no es como cuando mi hermana mayor y yo teníamos su edad, porque no nos llevamos ni dos años y para aquel entonces ninguna de las dos ejercía de "hermana mayor", eramos dos adolescentes incoscientes que querían salir, pintarse las uñas y hacer un poco lo que les daba la gana.
Yo tengo 16 años más que ella, casi podría ser mi hija y no puedo evitar pensar en todos los peligros que le acechan cada vez que sale.

Me doy cuenta de que pienso como una madre cuando se trata de ella y creo que por eso estoy perdiendo su confianza.
Ahora ya no me cuenta todo lo que le pasa ni lo que se le ocurre, por miedo a que reaccione de la misma forma que reacciona mi madre, por miedo a las reprimendas porque se ha ido andando ella sola hasta la otra punta del pueblo o porque se ha saltado alguna clase.
Pienso en las locuras que hacía yo cuando tenía su edad y se me ponen los pelos de punta.
Quizá debería intentar ocultar mis miedos e ir de amiga, de "guay", como hace mucha gente... pero no puedo, es un comportamiento que me ha repateado siempre y no seré yo la que se comporte así con ella.

Sé lo difícil que es ganarse la confianza de un adolescente porque recuerdo perfectamente cómo me sentía cuando tenía su edad, pero he llegado a la conclusión de que lo único que puedo hacer es ser yo y esperar a que se le pase la edad del pavo.

Confío en que, cuando llegue ese momento, me comprenda...

miércoles, julio 11, 2007

Mi conciencia y yo II

Sabéis de esas películas de suspense en las que el protagonista decide (por poner un ejemplo) colarse él solito en esa casa donde se han producido un montón de crímenes horribles, de noche y sin otra arma que una linterna y tú estás en el sofá engullendo palomitas y diciéndole:
"Pero gilip... ejem... ¡¡¡idiota!!! ¡¡¡No entres!!! ¡¡¡No entres, vete vete vete!!! ¿No ves que te van a hacer picadillo?"

Pero él ni caso, claro, porque no te oye, pero aunque te oyese te contestaría con vehemencia:
"TENGO que saber lo que ocurre ahí dentro"
Y a continuación verías su culo desapareciendo en la oscuridad de todas formas.

Pues digamos que ahora mismo yo soy la protagonista y estoy con una mano en el picaporte a punto de entrar en la "casa-matadero" por llamarlo de alguna forma y me da miedo pero me puede más la curiosidad.
Mientras tanto, mi conciencia está sentada en el sofá comiendo palomitas, desgañitándose para que recapacite.

Efectivamente, la diferencia es que yo la oigo... pero no la quiero escuchar.

martes, julio 03, 2007

Y ahora con...

Compro una caja de galletas en el super. Son de esas galletas surtidas tipo "pastas de té" de una conocida marca.
Las compramos a menudo en casa, porque hay para todos los gustos, aunque al final siempre acaban quedando las mismas cuatro galletas de canela que no le gustan a nadie, muertas de asco.
Cuando en casa se acaban esas cuatro galletas de canela, es una señal inequívoca de que hay que hacer la compra.

Cuando estoy en la cola para pagar, cojo la caja, la pongo en la cinta trasportadora... y mis ojos se fijan en un recuadrito rojo bien visible en el que leo:

"¡¡¡Y ahora, con auténtico chocolate!!!"


Dios mío... ¿¿¿y antes qué le ponían???

No entiendo estos del marketing cómo funcionan y eso que yo también, de vez en cuando, me dedico a diseñar anuncios.
Pero no se me ocurre escribir por ejemplo, en un anuncio de ordenadores: Y ahora... ¡con auténtico disco duro!
Eso sería como admitir que antes hemos estado engañando al cliente ¿no?
Porque yo juraría que antes de comprar ese paquete de galletas, ya había galletas de "supuesto chocolate" en los anteriores, aunque en la caja no hiciesen ningún guiño a la autenticidad del mismo.

Tampoco entiendo las cosas abusurdas como la leche que anuncian a bombo y platillo que lleva calcio.
Ejem... no es por nada... pero si de verdad es leche, ES NORMAL QUE LLEVE CALCIO.
A no ser que mañana me acerque al super a comprar un brick y lea: "Y ahora ¡con auténtica leche!"
Claro, eso lo explicaría todo.

A lo mejor es que la publicidad no es lo mío.