lunes, noviembre 20, 2006

Memorias de una ex-fumadora

Mi relación con el tabaco empezó más o menos a los 14 años, cuando una tarde de verano, junto a unas amigas y a mi hermana, nos reunimos bajo el puente de las vías, no muy lejos de la que por aquel entonces era mi casa, a hablar de chicos y a mirar esos trenes blancos y rojos que pasaban rapidamente delante de nuestros ojos, mientras saludábamos con la manita a los pasajeros que viajaban hacia quién sabe donde.
La primera vez que dejé que el humo invadiese mi garganta y mis pulmones, me dio un ataque de tos tan fuerte que empezaron a llorarme los ojos y aún recuerdo como todo me daba vueltas.
Pero empecé a fumar en serio a los diecisiete años, junto a mi primer noviete de verdad, aunque él lo dejó pocos meses después, yo seguí fumando durante siete años seguidos.
Yo creo que más que el vicio de la nicotina en la sangre, tenía el vicio de tener algo que hacer con las manos mientras hablaba con alguien o estaba nerviosa por algún motivo.

Pero una mañana, con 24 años, tras llegar asfixiada a un primer piso después de subir un minúsculo tramo de escaleras, decidí que el tabaco no habría seguido condicionado mi vida y que podía dejarlo.
Y lo dejé, de un día para otro, sin recaídas, hasta los 25 años más o menos, hasta la época en la que los nervios no me dejaban dormir por la noche y me levantaba a fumar un cigarro tras otro como si el alquitrán pudiese darme la solución a mis problemas.
Y después, después de haber superado el problema, decidí que ya no necesitaba fumar y lo dejé una vez más.

Desde entonces gesticulo bastante más cuando hablo y cuando me ofrecen un cigarro siempre digo "no fumo, gracias" a pesar de que, al pedir una mesa en un restaurante, mi subcosciente me traicione y acabe siempre en el apartado para fumadores, porque es cierto eso que dicen, aunque lo dejes nunca te conviertes en un no-fumador.

Pienso que uno de los trucos para dejarlo está en NO PENSAR que nunca más vas a volver a encenderte un cigarro.
Llevé durante seis meses un paquete de tabaco y un mechero en el bolso y, al contrario de lo que pueda parecer, tenerlos a mano me daba tranquilidad porque podía pensar: "no fumo porque no quiero, pero si quisiera, podría hacerlo en cualquier momento".

Confieso que a veces tengo pequeñas crisis, pero las voy superando.
De las cosas que más ganas de fumar me dan y que peor llevo es ver en el cine el primer plano de alguien que está fumando, escuchar al otro lado del teléfono como fuma mi interlocutor, tomar café en compañía de algún fumador y las esperas.

Sólo me molesta el humo cuando alguien fuma cerca de mí mientras estoy comiendo, es algo que me ha molestado siempre, incluso cuando yo fumaba.
No aguanto a los ex-fumadores que no soportan que nadie fume en su presencia y por suerte no me he convertido en uno de ellos.
Pero me pregunto qué es lo que nos empuja a querer echar humo por la boca, cuando sabemos perfectamente que nos estamos envenenando, que ser no fumador es un bien hasta para nuestra vida social, que nos volvemos rápidamente más feos, más viejos, más cansados y sobretodo dependientes, irascibles, que envenenamos a quién nos rodea y estropeamos cuadros y cortinas, dientes y manos, que nos cambia la voz y el sabor de los dulces y de los besos, que gastamos para arruinarnos la salud el dinero que muchas veces ni tenemos, que no pensamos en lo que molestamos a quién no soporta el humo, en los pulmones de los niños que nisiquiera saben todavía lo que es un cigarrillo, que hay quién vive gracias al dinero que gana matándonos, que el cementerio está lleno de fumadores y ex-fumadores, que después la ceniza te la encuentras en todas partes y es tan molesta como las colillas pisoteadas en una sala de espera...

Uff...

...y sin embargo, a pesar de todo, de vez en cuando me encendería un cigarrillo...y me quedaría tan ancha.

miércoles, noviembre 15, 2006

De tostadas y tecnología

Esto es el colmo.
Estar tanto tiempo delante de un ordenador y hablando con gente que maneja ordenadores está afectando negativa y seriamente a mi salud mental.

Es normal, una no consigue aclararse entre tanto tecnicismo, que si TFT, CRT, LCD, CDRW, DVDR, DIVX, MP3, HDD, FDD... que si Windows 98/2000/NT/XP... que si memoria RAM, memoria ROM, memoria CACHÉ...

Al final, la única memoria que recuerdas de algún modo es la que tenías hace años, cuando este tipo de artilugio infernal se llamaba "commodore 64" y sólo lo usabas para jugar al "Funambulo" y el "Tanatos" sin siquiera sospechar que más adelante ese inofensivo y simple aparatito se convertiría en uno de tus mayores quebraderos de cabeza.

Que se convertiría en un pantallazo azul aparentemente inofensivo, que acaba de llevarse al más allá las últimas 8 horas de trabajo, que, por supuesto, no has guardado.

En un pequeño clip juguetón que desde la esquina inferior derecha de tu pantalla TFT intenta dirigir tu vida.

En un montón de chatarra que te dice (sí, a ti) cuando puedes pulsar el botón de apagado.

Claro ¿cómo puede una, en los tiempos que corren, no volverse loca?

Había leído hace poco un test con una serie de preguntas estilo:

- ¿Cuando necesitas ayuda, gritas "F1"?

Al principio me había reído un montón y me había preguntado si realmente podía existir gente tan enferma como para contestar que sí a alguna de esas preguntas.

Pero sin ir más lejos, esta tarde al volver del trabajo, ni corta ni perezosa, le he preguntado a mi madre si había comprado tostadas digitales.
...
.....

Y yo me pregunto:
¿Qué será lo próximo?

¡Integrales!
¡Quería decir tostadas integrales!

jueves, noviembre 02, 2006

Seguimos dándole vueltas

Siguen torturándome con el tema del famoso anillo.

De pequeña solía ir con mis padres a Amalfi algunos fines de semana, cuando tocaba vivir cerca de allí, claro está.
Creo que la costa Amalfitana es el lugar más bonito de todos los que he visto hasta ahora, pero no soy objetiva porque queda demasiado cerca del lugar en que nací.
La iglesia de Sta. Andrea tiene una escalinata preciosa por la que mi inseparable hermana y yo soñábamos con bajar, sin apenas rozar los escalones, embutidas en un vaporoso vestido de novia.

Sí, hubo una época en mi vida, hace muuucho tiempo, en la que yo también soñaba con eso.

Mientras nos hundíamos en un enorme helado "alla nocciola", esos helados a alla nocciola que nos han acompañado durante toda nuestra infancia, soliamos decir:

"Nos casaremos aquí y papá nos dejará su brazo para subir"

El hecho de no estar bautizada* ni se me pasaba por la cabeza y me importaba poco si aquello significaba casarse ante Dios y todos sus arcángeles, era sólo cuestión de coreografía, porque ni siquiera en aquella época creía, a pesar de ese año pasado en el colegio de monjas en Roma, los esfuerzos de mi abuela N. y de las numerosas visitas a la virgen de Pompeya.

Claro que sí.
Qué fácil era ilusionarse por aquel entonces, cuando nos hacían creer que lo máximo en esta vida era dedicarse a la búsqueda de quién te pusiese esa alianza en "el día más feliz de tu vida".

La verdad es que a lo largo de mi vida, con más de una persona he hablado de cómo sería el día de nuestra boda.
Pero debo reconocer que para mí siempre ha sido sólo un juego y supongo que para ellos también.

¿Cómo podría jurar ante todas esas personas que estaré contigo y "cuidaré" de ti por siempre, si ni siquiera sé si me apetecerá verte, mañana?
Se me caería la cara de vergüenza.

"Yo estoy seguro de que te querré siempre"

Que te lo digan mirándote así, con los ojillos brillantes, casi aguados, lo hace más bonito todavía.
Pero no puedo creer que alguien pueda estar seguro de algo así.
Lo veo tan imposible de entender como el concepto de algo que es infinito.

Un poco como aquella frase que tanto me saca de quicio: "Nadie te va a querer más que yo"
¿Y tú qué sabes?

Lo único que me veo capaz de prometer es que estaremos juntos hasta que funcione ¿no es más lógico así?
Y si el interesado quiere planes, haremos planes, pero no de ese tipo.
Planearemos viajes, cenas, salidas...
Planearemos un futuro que incluya hasta pasado mañana o un poco más y luego ya se verá.

Llevo unos días intentando explicarle al mundo que a día de hoy, es lo máximo que me veo en condiciones de planear.



(*) O eso creo... aunque algunos rumores dicen que sí. Un día de estos escribiré sobre ello.