martes, agosto 01, 2006

Parking

(O como amargarse un sábado)


Centro comercial de turno, sábado por la mañana.
Voy con mi madre, nos disponemos a pasar la mañana de compras y acabamos de llegar al parking.
Es una bonita mañana de julio y nada parece poder estropear mi buen humor. En el radio-cd suena el último cutremix que yo misma he grabado la noche anterior y estoy muy orgullosa de la horrenda mezcla que he obtenido. Canturreo la pegadiza canción de turno mientras estoy ojo avizor, en busca de un buen sitio para aparcar.

Mi madre: "bueno, parece que hoy no hay mucha gente"
(está atestado)
Yo: "mmm... si..."
(qué cachonda es esta mujer)
Mi madre: "vamos a seguir a esa familia que parece que va a dejar la compra y dejará su sitio libre."

Bien. No soy partidaria de esta práctica.
En este país la gente no es nada altruista ni solidaria en el super.
Fuera puede que sí, pero en el super...
Basta que te pongas a esperar a que la familia de turno meta todos sus bártulos en el maletero con el intermitente puesto para que ningún buitre te robe el sitio, para que de repente decidan jugar a hacerlo todo a cámara lenta.
Si no fuera un coñazo estoy convencida de que muchos decidirían meter los productos uno por uno, sacandolos de las bolsas, sólo por el gusto de hacerte esperar más, es como si pensaran: ¿quiere mi sitio? pues se lo tendrá que ganar.
Circula por ahí la leyenda urbana de que en una ocasión un hombre abrió un paquete de arroz y fue colocandolo en el maletero granito a granito, sólo para fastidiar al pobre hombre que esperaba a que dejara el sitio libre.
¿Que la niña se acaba de comprar la granja de los pin y pon consistente en 3.000 micropiezas?
Ten por seguro que su padre decidirá montarlo ahí mismo en ese momento. Sólo para hacerte esperar.
¿Que el niño se ha comprado un juego nuevo para su game boy advance? estás perdido.
Seguramente toda la familia se reunirá a su alrededor para observar como la criaturita se pasa por lo menos el primer nivel.
Y tú ahí, esperando.
Luego están aquellos que se ponen a hacer actividades diversas en el coche independientemente de que estés esperando o no. Cualquier momento es bueno para tomar un aperitivo, leer un periodico, discutir con un amigo o enrollarse con la novia.
Y tú ahí, esperando.

Te dan ganas de irte claro, pero es un error.
Porque en el justo momento en el que metas primera y aceleres, verás a través del retrovisor encenderse la luz de marcha atrás del coche delante del cual has estado esperando media hora y cuando te dispongas a parar para volver atrás será demasiado tarde, porque ya habrá alguien con el intermitente puesto esperando a ocupar el sitio.
Y claro, no puedes explicarle a ese alguien que ese sitio te pertenece.

Bueno el caso es que como ya sé como funciona, paso del consejo de mi copiloto y me pongo a dar vueltas, a ver si hay suerte. Cuanto más tardo en encontrar un sitio más a menudo oigo a mi acompañante decir - Te lo había dicho - y más de los nervios me pongo.

Por fin lo veo.
Un hueco perfecto.
Cerca de la puerta, al lado de los carritos, sin columnas cerca... genial
Pongo el intermitente y acelero no vaya a ser que salga algún listo de la nada y me lo quite.
Empiezo a maniobrar y de repente cuando estoy entrando con el morro del coche en la plaza, me veo a un buen hombre en medio del hueco con los brazos cruzados y no parece tener ninguna intención de moverse.
Entonces le hago un gesto con la mano, inocentemente, como diciendo: ejem, voy a aparcar ahí.
Pero él de inocente no tiene nada, me dirige una mirada fría y niega con la cabeza.
Y pienso: ¿cómo que no?
Que no. Que él no se quita de en medio.

Ok.

Bajo la ventanilla y le digo: sería usted tan amable...
Pero no me deja terminar.
- No, es que aquí va a aparcar mi madre, que está dando la vuelta-
Sí, he oído bien.

Calma. Atropellarle no solucionará el problema.
Y echar espumarajos por la boca cual niña del exorcista tampoco.
Tengo dos posibilidades:
Esperar a que se canse o irme.
(Bueno, también podemos liarnos a guantazos o puedo enviar a mi madre a darle un par de bolsazos, pero tenemos todas las de perder así que lo descarto).
Si espero a que se canse y acabo ganando yo, seguro que a la vuelta tendré como mínimo todo un lateral rayado y un retrovisor destrozado. Porque son vengativos estos listillos.
Entonces tengo que decidir si me importan más mis principios o la carrocería de mi coche.

Me voy.

Al final acabo aparcando a tomar por saco, en un hueco estrechísimo entre dos columnas, con poquísimo espacio para maniobrar y en la zona menos iluminada del parking.
Y además, cuando llego a la puerta se han terminado los carritos.

Luego me preguntan por qué no me gusta ir a la compra.

No hay comentarios: