lunes, julio 24, 2006

Pequeños y bajitos

Tengo un problema:

Necesito ganarme como sea el cariño de un niño de 7 años.

Sé que podría hacer trampas descaradamente y regalarle el coche teledirigido de Fernando Alonso, me querría más que a su madre, pero... yo quiero que me quiera desinteresadamente*.
¿Pero cómo lo hago? Siempre se me han dado muy mal los niños.

Con las niñas nunca he tenido ningún problema, por alguna extraña razón las atraigo sin hacer nada.
Nos miramos, les pregunto como se llaman, me preguntan cómo me llamo y normalmente, llegadas a este punto, se me agarran de la mano y ya no hay quién las despegue.
Me peinan, las peino, hablamos de zapatos y pintauñas, dejo que revuelvan en mi bolso buscando tesoros tipo un brillo de labios, un paquete de chicles o cualquier tontería por el estilo, se entretienen mucho con eso y es una manera de que noten que hay confianza.

Pero con los niños... esa es otra historia.
¿De qué puedo hablar con ellos?

El único niño con el que me llevo bien es el hijo de una amiga de mi madre que viene a mi casa de vez en cuando y con el que comparto mi pasión por los gatos.
No hablamos mucho pero jugamos juntos con mi gata y cuando nos despedimos parece que le da pena y todo.
Con los demás niños no hay manera, no consigo hacer buenas migas, siempre acabo frustrada o dolorida y cabreada, porque no sé como me lo monto, al final acabo cobrando siempre.

Como la última vez que me encontré con mi amiga V. y su hijo de 2 años en el super.
No sé por qué los padres tienen la manía de obligar a sus hijos a dar besos a la gente.
Que me dan ganas de decirles: si él no me quiere besar y yo no quiero que me bese ¿por qué nos tienes que obligar?
Pero claro ¿cómo le vas a decir a la madre de un niño de dos años que no quieres que su hijo se te acerque a menos de un metro? Si su niño es "la cosita más bonita del universo" si "no hay un niño más bueno que este", si "mi niño es especial, no lo digo porque sea su madre".
Así que ahí estábamos el niño y yo, con cara de pocos amigos, intentando hacer el trámite de la manera menos dolorosa y más rápida posible.
Y la madre toda contenta y sonriente.
Lo peor vino luego, cuando, no satisfecha con el beso inicial, le obligó a darme un beso de despedida.
Intenté convencerla de que no hacía falta y el niño se negaba con todas sus fuerzas, pero nada, no hubo manera, hasta que al final la madre agarró al niño a la fuerza y me lo acercó a la cara.

¿Y qué hizo el muy desgraciado?
Pues me dio una bofetada.
Luego claro, llegaron las justificaciones:
"Ay... es que en la guardería hay un niño que le pega y claro, ahora se ha acostumbrado... pobrecito, si es muy bueno..."
Cuando le dije al niño que la próxima vez le diese la bofetada a su madre, que era la que le obligaba a dar besos por ahí, ella se enfadó conmigo.

Y volviendo al hilo de este post, hay un niño de 7 años al que me tengo que ganar como sea, puesto que me veo obligada a verle muy a menudo y es bastante cortante que cada vez que me ve vaya a esconderse debajo de una mesa.
Me he dado cuenta de que le gustan los videojuegos, siempre anda con una maquinita de esas en la mano, escondido en algún rincón. Creo que la próxima vez le pediré que me explique cómo funciona un trasto de esos a ver si hay suerte y así me dirige la palabra.
Seguramente me llevaré una patada, pero en fin, no será la primera ni la última.

No sé si lo estoy haciendo mal o si simplemente ha decidido que no le caigo bien.
¿Alguien tiene alguna sugerencia?




*Además, yo soy ferrarista :P

No hay comentarios: