domingo, julio 30, 2006

Conversaciones I


- Me he dado cuenta de algo.
- ¿De qué?
- Nunca hablamos de tí.

- ¿Cómo?
- Pues eso. Casi nunca hablamos de ti, casi siempre hablamos de los demás o de mi.
- Ah.
- ¿Por qué?
- No me había dado cuenta, no sé.
- Eso no me lo creo, claro que lo sabes.
- Sí, tienes razón.
- Y bien...
- No me gusta hablar de mi a no ser que sea estrictamente necesario.
- Pues no lo entiendo.
- Me aburre.
- A todo el mundo le gusta hablar de si mismo.
- No creo. Prefiero que me cuentes cosas.
- Pero alguna vez tendrás que contarme tú algo.
- Claro que sí, y lo hago. Te cuento muchas cosas.
- Sí, me cuentas muchas cosas que no tienen nada que ver contigo o por lo menos no directamente.
- Te cuento cosas de mi entorno.
- Pero no me cuentas lo que se te pasa por la cabeza.
- Es que no se me pasa nada por la cabeza, jiji
- Mira que eres tonta, estoy hablando en serio!
- Puede que a veces no formules las preguntas adecuadas.
- ¿ Por qué siempre tengo que sonsacarte? ¿Por qué no me cuentas las cosas directamente?
- ¿ No te gusta esa sensación de conquista?
- ¡No me respondas con preguntas! Qué quieres decir, que si quiero saber algo ¿me lo tengo que ganar?
- Bueno, no lo veo exáctamente así, no es que tengas que ganártelo, pero siempre es más satisfactorio conseguir las cosas cuando no son tan fáciles ¿no?. Además, antes de hablar quiero saber qué es lo que te interesa averiguar de mi.
- Pues es fácil. Quiero saberlo todo.
- Eso va a ser complicado, jaja!
- ¿¿¿De qué te ríes???
- Perdona. ¿Sabes qué? Puede que sí que te lo tengas que ganar.
- A veces me pones de los nervios.
- Lo sé... Pero es que te pones nervioso con una facilidad...
- No es eso, simplemente hay cosas con las que no puedo
- Como cuales, aparte de esto.
- Pues como, por ejemplo...
- ¿Sí...?
- ¡¡¡Agrh!!! ¿Lo ves? Otra vez estamos hablando de mi.
- ... (sonrisita "inocente")

lunes, julio 24, 2006

Pequeños y bajitos

Tengo un problema:

Necesito ganarme como sea el cariño de un niño de 7 años.

Sé que podría hacer trampas descaradamente y regalarle el coche teledirigido de Fernando Alonso, me querría más que a su madre, pero... yo quiero que me quiera desinteresadamente*.
¿Pero cómo lo hago? Siempre se me han dado muy mal los niños.

Con las niñas nunca he tenido ningún problema, por alguna extraña razón las atraigo sin hacer nada.
Nos miramos, les pregunto como se llaman, me preguntan cómo me llamo y normalmente, llegadas a este punto, se me agarran de la mano y ya no hay quién las despegue.
Me peinan, las peino, hablamos de zapatos y pintauñas, dejo que revuelvan en mi bolso buscando tesoros tipo un brillo de labios, un paquete de chicles o cualquier tontería por el estilo, se entretienen mucho con eso y es una manera de que noten que hay confianza.

Pero con los niños... esa es otra historia.
¿De qué puedo hablar con ellos?

El único niño con el que me llevo bien es el hijo de una amiga de mi madre que viene a mi casa de vez en cuando y con el que comparto mi pasión por los gatos.
No hablamos mucho pero jugamos juntos con mi gata y cuando nos despedimos parece que le da pena y todo.
Con los demás niños no hay manera, no consigo hacer buenas migas, siempre acabo frustrada o dolorida y cabreada, porque no sé como me lo monto, al final acabo cobrando siempre.

Como la última vez que me encontré con mi amiga V. y su hijo de 2 años en el super.
No sé por qué los padres tienen la manía de obligar a sus hijos a dar besos a la gente.
Que me dan ganas de decirles: si él no me quiere besar y yo no quiero que me bese ¿por qué nos tienes que obligar?
Pero claro ¿cómo le vas a decir a la madre de un niño de dos años que no quieres que su hijo se te acerque a menos de un metro? Si su niño es "la cosita más bonita del universo" si "no hay un niño más bueno que este", si "mi niño es especial, no lo digo porque sea su madre".
Así que ahí estábamos el niño y yo, con cara de pocos amigos, intentando hacer el trámite de la manera menos dolorosa y más rápida posible.
Y la madre toda contenta y sonriente.
Lo peor vino luego, cuando, no satisfecha con el beso inicial, le obligó a darme un beso de despedida.
Intenté convencerla de que no hacía falta y el niño se negaba con todas sus fuerzas, pero nada, no hubo manera, hasta que al final la madre agarró al niño a la fuerza y me lo acercó a la cara.

¿Y qué hizo el muy desgraciado?
Pues me dio una bofetada.
Luego claro, llegaron las justificaciones:
"Ay... es que en la guardería hay un niño que le pega y claro, ahora se ha acostumbrado... pobrecito, si es muy bueno..."
Cuando le dije al niño que la próxima vez le diese la bofetada a su madre, que era la que le obligaba a dar besos por ahí, ella se enfadó conmigo.

Y volviendo al hilo de este post, hay un niño de 7 años al que me tengo que ganar como sea, puesto que me veo obligada a verle muy a menudo y es bastante cortante que cada vez que me ve vaya a esconderse debajo de una mesa.
Me he dado cuenta de que le gustan los videojuegos, siempre anda con una maquinita de esas en la mano, escondido en algún rincón. Creo que la próxima vez le pediré que me explique cómo funciona un trasto de esos a ver si hay suerte y así me dirige la palabra.
Seguramente me llevaré una patada, pero en fin, no será la primera ni la última.

No sé si lo estoy haciendo mal o si simplemente ha decidido que no le caigo bien.
¿Alguien tiene alguna sugerencia?




*Además, yo soy ferrarista :P

lunes, julio 17, 2006

Pedazos

La gente de mi entorno, los que me conocen personalmente, no saben de la existencia de este blog.

Supongo que si los que me conocen lo leyesen se quedarían sorprendidos, porque como ya he dicho en alguna otra ocasión aquí y allá, soy una persona introvertida y aquí he contado cosas que nadie más que quién lee este blog sabe, ni siquiera mi inseparable hermana mayor.

Algunos se enfadarían porque no hablo de ellos y quizá pensarían que en mi vida no pintan mucho.
Pero no es así.
Creo que simplemente hay cosas y personas de las que no se habla en el blog sólo porque no se enciende la bombilla adecuada.

Mi madre me haría 30.000 preguntas y seguramente diría algo exagerado sobre mis dotes de escritora. Ja!
Ella es así, puedes pintar un garabato en una servilleta que lo primero que te dirá es: tendrías que haber estudiado bellas artes.
Va muy bien para la autoestima.
Pero no entraría en detalles importantes, ni investigaría sobre sentimientos de los que he hablado aquí.

Mi padre... mi padre se emocionaría y trataría estas líneas como si de una joya se tratase.
Pero creo que le dolería leer tan poco sobre él.
Lo que jamás sabría es que tengo varios post sin publicar que hablan de él.

Mis ex probablemente se enfadarían y uno a uno se darían por aludidos.
Los únicos que seguramente acertarian serian el hijo de la suegra de la que hablé hace un tiempo, su madre es inconfundible incluso escrita y el chico que me regaló el retrato.

Creo que a mi hermana le daría verguenza leer todo esto.
Es raro pero es así.
Un poco como cuando de pequeñas caía en sus manos alguno de mis diarios, sé que jamás fue capaz de leer ninguno.
Al contrario que mi madre, que de buenas a primeras, en la mesa, me hacía preguntas sobre temas de los que sólo hablaba en las páginas de esa Smemoranda que tenía debajo del colchón.

Mi hermano... la verdad es que no tengo ni idea de cómo reaccionaría o qué pensaría.

A veces pienso que si me pasara algo (algo definitivo), alguien de mi familia encendería mi portátil después de un tiempo y cotilleando en el historial de Firefox se encontraría esta paginita.

Quizá no le daría importancia y no investigaría lo suficiente como para averiguar que soy yo quién escribe todo esto.

O tal vez sí.
Y entonces tendría un pedazo de mí completamente distinto del que doy a conocer normalmente.

martes, julio 04, 2006

Sin guiones

Soy una de esas personas que están enamoradas del romanticismo sencillo.
No me gustan los aspavientos, no me gustan las exageraciones, no soy de las que opinan que mi pareja ha de pedirme casamiento en medio de un restaurante de lujo, arrodillado en el suelo, ofreciéndome a la vez un pedrusco del tamaño de Africa. No quiero aplausos ni nada de eso. Es más, a lo mejor ni siquiera tiene por qué haber una boda de por medio.
Tampoco me gustan las tonterías típicas de las comedias romanticas, como que me ofrezcan la anilla de una lata de coca cola como alianza, porque eso está muy visto y además ya me lo pidieron así una vez: teniamos 7 años.

No quiero celebrar el día de San Valentín, con sus corazones y rosas. No quiero ese tipo de obligaciones estúpidas. Me vale con un día cualquiera del año, sin demasiados planes, lo que surja y darme cuenta, después, de lo romántico y espontaneo que ha sido todo.
Creo que el verdadero romanticismo es ese, el que te sale de dentro y ya está, un pequeño, casi invisible gesto cotidiano, como que él rebusque en el bote de caramelos de colores el de color rosa, porque es el que a ti te gusta o decida enmarcar ese dibujo horrible, sólo porque lo has hecho tú.

Tampoco quiero mirar a un hombre y ver esa mirada de:

"Oh, Dios mío, me está mirando! Sí sí sí, me está mirando! Uys... qué hago, qué hago??? Ahhh, ya sé! Voy a poner una mirada así como más interesante... mmm... entrecerrando un poquito los ojos ... a ver... mmm... un poquito más... ahí está, creo que lo estoy consiguiendo. A ver... ahora levanto un poquito esta ceja... despacito... ahora sí, ahora creo que va a caer desmayadita a mis pies".

¡Por favor! ¡No puedo con eso!
¿Por qué hacen eso?
¿Durante cuanto tiempo ensayan esa mirada delante del espejo?
¿Por qué en lugar de eso no aprovecha ese tiempo para depilarse el entrecejo?

Ese tipo de detallitos son los que hacen sonar el "click" en mi cabeza.
Los que hacen que me pregunte dónde está el botón de emergencia.
Los que hacen que me pregunte ¿qué habré visto yo en este individuo?
Y me pregunto qué cara se le quedaría a Don Mirada Intensa si me pusiese a gritar.
Seguramente una cara espantada pero bastante más natural.

¿Y qué diría si, al preguntarme por qué grito, le respondiera QUÉ TE PASA EN LA CARA?

Y esas frases absurdas, desgastadas ya, copiadas de películas, de poemas... de de de... yo que sé.
Tengo una lista de frases de esas que ya no aguanto más:

- Estar contigo me hace querer ser mejor persona. (La number one en el ranking. Es bonita sí, pero por favor, esa pelicula la ha visto demasiada gente como para que pase por una invención original)
- Cada vez que te miro a los ojos, me pierdo en ellos (sí, bueno... habrá que regalarle un gps. Analizando esa frase he llegado a la conclusión de que ... es una chorrada!)
- Eres mi droga (bueno, no es de las peores pero en fin...)
- Cuelga tú, no, cuelga tú...(no comment!)
- Me quieres? Pero cuanto me quieres? Estás bien? Qué te pasa? (de vez en cuando vale, pero cada dos segundos cansa)
- En qué piensas (Diossss que alguien me de un valium)
- Te quiero (creo que usarlo aproximadamente cada 3 segundos es la manera más sencilla de que pierda todo su significado)
- Nunca me dices que me quieres (Claro que no, lo dices tú TODO EL RATO)
- No hay palabras para describir lo que siento (pues entonces callate... digo yo, menos blabla y más hechos)

Aunque después de todo esto suene raro, me considero una persona sensible y romántica, pero hay ciertas cosas que me pueden.
Se nota perfectamente cuando alguien te dice algo de corazón y cuando te lo dicen porque esperan causar efecto.

Hay gente que se monta en la cabeza peliculas enteras donde ellos y su pareja son los protagonistas, después las cosas salen como salen y te encuentras en una situación completamente surrealista.
Estás besando a la otra persona, te separas un poco (por aquello de que hay que respirar de vez en cuando) se te ocurre algún comentario, lo haces y la otra persona te dice : "Lo has estropeado todo! A la mierda el romanticismo!"
Entonces ¿qué tengo que hacer? Tengo que morderme la lengua y pensar en el comentario de marras mientras le beso y pensar que no debo hablar porque es un momento romántico que no quiero estropear y esperar a que se pase el romanticismo... ¿Y la naturalidad?

lunes, julio 03, 2006

Rita II

Y esta mañana, no sé por qué, me he acordado de aquel día de la primavera pasada en que pintábamos limones en los tiestos de su terraza.
Yo intentaba hacerlo perfecto, con cuidado milimétrico, porque aquello es como un escaparate y todos los vecinos que pasaran por ahí iban a hacer comentarios.
"Oye, tú has visto esas macetas tan horribles que tiene Rita en la terraza? Y las han pintado ellas, je! Pero eso qué es? Una ciruela?"
No podía ser, sus plantas eran demasiado bonitas para unos limones chuchurrios.
Pero ella, con un cigarro en la mano como siempre y un pincel en la otra, dibujaba esos limones casi perfectos en un par de pinceladas distraídas.

"Los limones nos identifican"
Claro que si.

Y también he recordado aquella botella de vino blanco, helado, que tomamos en la terraza de aquella casita de alquiler en la playa, en camisón, mientras hablábamos de todo un poco y los demás dormían y nos preguntábamos si habría a esas horas alguna heladería abierta que nos vendiese helado de limón.

Cada vez que voy a su casa a hacerle una visita y veo esos tiestos, algo desteñidos a causa de las lluvias, este nudo en la garganta se vuelve enorme.

Qué curioso.
Cada vez que veo una terraza bonita pienso que sólo le faltan unos limones pintados.
Y todos los limones del mundo me recuerdan a nosotras.