miércoles, junio 21, 2006

Primeros besos (II)

Era la primera vez que un chico demostraba abiertamente que estaba interesado en mí sin tirarme del pelo o tocarme el culo a traición.
Supongo que lo que más me gustaba era que de todas las chicas que había por allí, él se hubiese fijado justamente en mi.

A esas alturas el grupo estaba algo menos concentrado en nuestra conversación, pues creo que ellos por un lado y mis amigas por el otro, ya empezaban a rifarse a los más guapos (cosas que pasan cuando se es adolescente y no se ha entendido aún nada de la vida).

Nos contamos nuestras vidas por encima, en medio de un montón de gente, empezamos a hacer los típicos comentarios en plan : "vaya fiestas para críos, yo vengo aquí porque no hay otra cosa... etc"
Hasta que la abuela de una de mis amigas, que todos los veranos se sacrificaba una semanita para llevarnos a todas a las fiestas, apareció entre la multitud para advertirnos de que en 10 minutos nos íbamos a casa.

Aprovechamos ese tiempo para quedar al día siguiente en el mismo lugar y nos despedimos.
De camino a casa mis amigas estaban emocionadísimas y ya planeaban qué tenía que ponerme para mi primera cita.
Ellas también le habian echado el ojo a alguno y mi hermana, dos años mayor que el resto, daba consejos a diestra y siniestra, como una experta.

Al día siguiente quedé con las chicas mucho antes que de costumbre para arreglarnos. Parecía que me estaban vistiendo para mi boda y casi estaban más nerviosas que yo.
Me dejaban sus amuletos de la suerte, como si estuviese a punto de irme a la guerra.
Una me arreglaba el pelo, otra me ponía un brillo de labios, otra estaba literalmente dentro del armario rebuscando entre mis cosas.
"Si no se lanza él te lanzas tú". Yo contestaba "claro claro" pero mientras tanto pensaba: "ni de coña!"

Al final llegó la hora y nos vimos de lejos, me saludó con la mano y yo, como de costumbre, me sonrojé, le sonreí y bajé la mirada.
Estuvimos sentados en un banco hablando de nuestras cosas, al principio muy friamente pero poco a poco fuimos cogiendo confianza
¡Y él se iba acercando!
Que si te rozo la manita, que si a ver que pulsera más chula y me agarraba el brazo...
La verdad es que así de primeras no sabía muy bien si aquello me gustaba o si quería salir corriendo.
Pero me quedé.

Me pedía que le hablase en italiano. Por aquel entonces estaba bastante acostumbrada a que me lo pidiesen y se me acababa el repertorio (y a este ¿qué le digo ahora?)
Así que mirándole derechito a los ojos le solté: "Ormai quando mi chiedono di dire qualcosa in italiano non so mai cosa rispondere..." tan rápido que el pobre no se enteró de nada.
A partir de ahí no hizo más que preguntarme qué le había dicho, convencido de que lo que le había soltado era algún cumplido o piropo, o mejor aún, alguna proposición. Así que decidí que lo mejor era dejarle con la intriga.

Cuando se empezó a cansar de pedirmelo, empezamos a hablar de cosas un poco más serias y me contó que su padre era conductor de camiones y que la última vez que había ido a Salerno le habían robado todas las cajas de naranjas que transportaba. Yo le aseguraba que en contra de lo que podía parecer, no todos los del sur éramos unos ladrones. También me contó que tenía un hermano pequeño con el que se peleaba todo el día pero al que quería mucho.
La verdad es que era un chico muy sensible y bastante maduro para su edad, creo que eso era otra de las cosas que más me gustaban, aunque, como es natural, apenas nos conocíamos.

Así pasamos unos días, conociéndonos, hasta que, el día antes de que él volviese a Lleida, decidimos ir a dar un paseito, los dos grupitos juntos.
Él y yo íbamos hablando de nuestras cosas, un poco retrasados respecto a los demás.
Llegamos a un sitio donde el camino se divide en dos: la calle Real o la calle paralela, la de la iglesia. Las dos llevan al mismo lugar.
Solíamos ir por la Real porque era la más transitada, pero él me agarró de la mano y me llevó hacía la otra calle: "así les gastamos una broma". Ja!
Ibamos andando por esa calle, que era bastante oscura, él seguía sujetando mi mano dentro de la suya y andaba más despacio.
Y poco a poco se fue parando.
Me atrajo hacía él tirando de mi mano hasta que estuvimos uno en frente del otro, yo me puse muy nerviosa, pues no tenía ni idea de qué hacer.
Luego apartó un mechón de pelo de mi cara y me dijo: "que ojos más bonitos tienes".
Casi me da algo.

Sin darme tiempo a contestar, puso su mano en mi mejilla, acercó sus labios a los míos y me besó.

Cuando nos separamos, nos quedamos callados un buen rato, yo intentando asimilar lo que acababa de pasar y él intentando averiguar qué me había parecido aquello.
Nos sonreimos y le dije: "deben estar buscándonos"

Volvimos a la calle principal, cogidos de la mano.
Cuando mis amigas nos vieron entendieron todo y se pusieron como locas. En ese momento supe que el resto del verano estaría lleno de interrogatorios, análisis milimétrico de lo sucedido y mil suposiciones.

La verdad es que no fue el mejor beso del mundo pero lo recuerdo con cariño.
Aquella noche fue la última vez que nos vimos.
Nos dimos nuestras direcciones pero sólo nos escribimos una carta, de despedida.

jueves, junio 15, 2006

Primeros besos (I)

Nos habíamos conocido dos días antes, en la verbena.
Él estaba de vacaciones en casa de sus tíos, en el pueblo en el que yo vivía, era de Lleida y me gustaba muchísimo su acento.
Mi grupo de amigas y su grupo de amigos chocó durante uno de esos bailes absurdos tipo "Paquito el chocolatero".
La verdad es que llevabamos un buen rato tonteando, bendita adolescencia!

"Mi amigo está por ti".
"Quién?"
"Ese de ahí"
"Ese?"
"No, ese no, el de al lado"
"Ah!" (uff, menos mal)
"Te lo puedo presentar?"
"Mm..... pues... no sé..." (ea, parece que nacemos con el chip de: aunque te estés muriendo de ganas no vas a decir que sí a la primera para parecer una desesperada!)
"Venga, si no es nada, sólo os presento y ya está"
"Mmmmmm... bueeeeeno, veeeenga" (tono de "te estoy haciendo un favor" y eso que le había echado el ojo desde hace dos horas)

Qué tiempos aquellos.

El chico se acercó cabizbajo, a mi se me debieron poner las mejillas como tomates maduros, hicieron las presentaciones y de primeras metí la pata, pues siguiendo las costumbres de mi país, en lugar de lanzarme a darle dos besos, le tendí la mano.
Se quedó un poco sorprendido y nuestros amigos, espectadores del encuentro, empezaron a reírse.
Menos mal que tenía excusa y con el acento italiano marcadísimo que tenía entonces le dije:

"Lo siento, es que en Italia..."

Pareció gustarle aquello de ligar con una extranjera.

"Pues en España se hace así"
Apoyó una mano en mi cintura y me plantó dos besos bien
dados en las mejillas....