miércoles, abril 19, 2006

Eva María se fue...

Bueno, pues ahora me toca a mi.
Ya he preparado todo (o casi).
Sólo faltan un par de pequeños detalles como que me devuelvan el coche que llevé a reparar al taller (no os diré a cuanto asciende la factura porque la cifra total da más miedo que el post anterior, creo que basta con decir "correa de distribución" y "ruedas desgastadas" para que os hagais una idea) y también falta que se termine de secar mi pantalón vaquero favorito.
Me voy de vacaciones :)
Se acabaron los días de hospital y creo que ha llegado el momento de tomarme un descanso.
He alquilado una casita preciosa en una playa muy bonita, en el sur, por poquísimo dinero (y menos mal, en vista de lo visto). Se ve que soy la única rara que se va de vacaciones justo después de Semana Santa.
Soy tan optimista que he incluído en la lista de "cosas que llevar" el bikini y las chanclas, espero poder usarlos por lo menos un ratito.
Por lo demás, voy a descansar, a relajarme y a no hacer absolutamente nada.

Nos "vemos" el jueves de la semana que viene.
Portaos mal ;)

martes, abril 18, 2006

Noches de verano

Era una noche de verano como otra cualquiera.
Reunidos y sentados en el muro que había entre la parcela en la que yo vivía y la del vecino, hablábamos de todas aquellas cosas de las que un grupo de niños pre-adolescentes suele hablar.
Comíamos unas frutas parecidas a las moras, recién robadas del jardín de Saturnino, un anciano que vivía dos manzanas más allá que probablemente seguía maldiciendo a esa "pandilla de delincuentes" y planeando una manera para cazarnos la próxima vez.

La conversación iba haciéndose cada vez más aburrida y cada vez participaba menos gente. Cada uno empezó a pensar en sus cosas y de vez en cuando, alguien le pegaba su bostezo a todos los demás.
Después de un rato, Bruno tuvo una idea.
Daríamos un paseo por los alrededores de esa zona residencial, de la que no nos estaba permitido salir, a ver si así nos despejábamos un poquito, pues aún faltaba una hora y media para el toque de queda, las 00.00, y por supuesto ninguno de nosotros estaba dispuesto a volver a casa antes de agotar ese tiempo de libertad que tanto se echaba de menos en invierno.

Bajamos de un salto y salimos a la calle aún sin asfaltar. No nos dirigíamos a ningún lugar en concreto, simplemente nos movíamos bajo las farolas de luz anaranjada, que iluminaban (una sí, otra no, una sí, otra no) nuestro recorrido.
Era una zona muy tranquila y a esas horas no había nadie por allí, más que nosotros.
Empezamos como siempre a perseguirnos y empujarnos, los chicos buscaban insectos para asustar a las chicas y nosotras discutíamos sobre lo infantiles que eran, porque ya nos sentíamos muy mayores.

De repente, uno de ellos se quedó paralizado delante de la tapia de una de las casas vecinas.
Era una casa muy antigua, en la que, por lo que nosotros sabíamos, no vivía nadie.
Nos asomamos todos, para averiguar qué era aquello que había llamado la atención a nuestro amigo.
En medio de la oscuridad del jardín que nadie cuidaba hacía años, donde las malas yerbas crecían a sus anchas, había algo que nos dejó de una pieza.

Sobre una silla de madera antigua, de las de cocina, había una muñeca grande, del tamaño más o menos de una niña de 4 años, con los brazos levantados hacía el cielo, pero lo más inquietante era que estaba atada a la silla con una soga muy gruesa.

Si hubiésemos visto esa misma imagen de día, si hubiésemos sido más mayores, el efecto habría sido muy diferente, pero en aquel momento, con el juego de sombras que proyectaban los árboles y las plantas de aquel jardín, a todos nos pareció sacada de una película de terror.

Salimos corriendo hacía un lugar "seguro": nuestro muro.
Nos subimos a él como pudimos, las chicas nos agarrábamos de las manos, mientras los chicos intentaban quitarle hierro al asunto:
Seguramente alguna niña la habría dejado allí.
¿Pero qué niña habría podido entrar en aquel jardín con una muñeca tan grande a cuestas, si la verja estaba cerrada y la valla que había sobre la tapia medía más de dos metros?
¿Por qué estaba atada la muñeca?

Empezamos a hacer todo tipo de elucubraciones.
Seguramente en aquella casa vivía alguien, la muñeca era de los hijos de los dueños y la había dejado olvidada allí. No era tan descabellado pero todos habríamos jurado que esa casa había estado siempre abandonada.
Solíamos jugar por allí a menudo y nunca vimos a nadie, pero no se nos ocurría ninguna otra explicación.

Estuvimos así unos diez minutos, entre risitas nerviosas y suposiciones, hasta que alguien sugirió acercarnos de nuevo por allí, para así poder investigar un poco más, ver si había alguna otra señal de que la casa estaba habitada, algún coche aparcado en algún rincón de la finca, alguna luz en las ventanas, algo.
Al principio no nos pareció una buena idea, pues estábamos bastante asustados, pero todos coincidimos en que nos habríamos quedado mucho más tranquilos si comprobábamos que no había nada "paranormal" en lo que acabábamos de ver.
Así que nos armamos de valor y empezamos a caminar de nuevo hacía la casa, pero decidimos pasar primero por la parte delantera.
Íbamos muy despacito, alguno estuvo a punto de dar media vuelta pero conseguimos convencernos los unos a los otros de que era mejor si estábamos todos juntos, pues alguien podía ver algún detalle que a otro podía escapársele.
Llegamos hasta allí y empezamos a investigar.
No había coches aparcados, ni luces encendidas, ni ruidos y los cristales de algunas ventanas estaban rotos.
Dimos la vuelta a toda la finca hasta que empezamos a acercarnos al punto en el que habíamos visto la muñeca.

Empezamos a asomarnos despacito, con cuidado...

Pero ya no estaba.
Sólo quedaban la silla vacía y la soga enroscada en el suelo.
Creo que nos quedamos helados durante unos segundos y después volvimos a salir corriendo, pero esta vez, cada uno se fue a su casa.

Y, esa noche, ninguno de nosotros logró conciliar el sueño.


(Y no sé por qué, nadie me cree cuando cuento esta historia)