martes, enero 31, 2006

Una película

Ayer vi esa película que tanta polémica está generando y tantos premios está ganando.

Conseguí verla sin prejuicios, sin esperar nada y sin ningún homófobo a mi alrededor y disfruté de ella.
La lástima es que en este país la gente no salga de los convencionalismos y no consiga darse cuenta de que el amor es amor, da igual quién ame a quién y de que sexo sean las personas que se aman.

Qué más da si es lo que estamos acostumbrados a ver o no? qué es lo que nos atrae de las películas románticas? El hecho de que sean un hombre y una mujer los dos protagonistas o las sensaciones que nos transmiten?

Una de las cosas que me han gustado particularmente es que no se retrata a los gays de la manera típica en la que estamos acostumbrados a verlos hoy por hoy en la televisión, con mucha pluma y algo afeminados.

Todo el mundo, al oír nombrar esta película, dice que no es más que una mariconada entre dos vaqueros.

No lo es, y tampoco hace falta montar tanto revuelo... porque sólo es, a fin de cuentas, otra preciosa historia de amor.

miércoles, enero 25, 2006

Sin lágrimas

Se oye a una madre gritando, en el ala izquierda.
Llora como solo una madre que sufre por su hijo es capaz de llorar y será difícil olvidar ese llanto para los que escuchan en silencio.
Su llanto desesperado proviene de la sala de espera para familiares, esas cuatro paredes blancas entre las que se agolpan viejos sillones y ojos llorosos, esas cuatro paredes que coleccionan corazones rotos.
Decenas de personas pendientes de un solo teléfono, el teléfono que usan los de arriba, los que operan, para avisar a los familiares.
Me pregunto a cuanta gente habrá visto llorar el reloj redondo, de marco negro, que preside la estancia. El reloj con las manecillas más lentas que he visto nunca.

Otro accidente en la carretera y es que los días de lluvia son particularmente trágicos aquí.
Es una de las cosas que aprendes cuando te ves obligada a visitar a menudo un hospital: a veces los cambios atomsféricos no influyen solamente en si habrá más o menos gente en el autobús o si chorreará tu paragüas en un vagón de metro atestado.
El agua se acumula sobre el asfalto y forma charcos sobre los que los neumáticos se deslizan con demasiada facilidad.
Me obligo a recordarlo cada vez que conduzco sobre carreteras mojadas, me obligo a recordar ese llanto de madre, que bien podría ser la mía.

Cerca de la puerta puede oírse a alguien dando explicaciones a través de un teléfono móvil e intentando tranquilizar a su interlocutor.
Alguien vivirá pendiente de un teléfono los próximos días, conozco demasiado bien esa historia.

De vez en cuando pasan las enfermeras, aparentemente indiferentes a toda la tragedia que se respira en este lugar, pero es normal: si no estuviesen acostumbradas no podrían trabajar aquí.

Algunos pacientes tienen la suerte de poder pasear arrastrando el gotero y otros fuman en las escaleras a pesar de los carteles.
Por un hospital sin humo.
Pocas imágenes tan tristes como un enfermo colgado de su gotero y su cigarro.

Hoy ella está un poco mejor y hasta parece que tiene ganas de bromear, incluso sobre su enfermedad.
Decido llevarla a dar una vuelta en la silla, hay que aprovechar los días buenos.

Belén, la chica que vive al otro lado de la cortina, tiene 32 años y lleva más de 5 meses aquí.
Su hermana me explica que ahora ya no está deprimida, porque a pesar de las secuelas sabe que ha tenido suerte.
Tendrá que visitar a un logopeda cuando salga de aquí, pues su habla ha quedado bastante afectada.
Su marido viene desde Sevilla todas los viernes, para pasar los fines de semana con ella. Se casaron el año pasado.
Admiro la forma que tiene de llevar todo esto, de vivir en este lugar como si fuera su casa, con una sonrisa en la boca, mientras yo me ahogo.
Me ahogo en todo este blanco, en todo este frío.

Javier es un señor bastante mayor que vive dos habitaciones más allá.
La suya es la única habitación de toda la planta que está ocupada por un solo paciente.
Y es que es muy difícil convivir con Javier.
Es el único paciente al que se le sirve la comida en platos y vasos de papel, porque le gusta arrojar objetos a las enfermeras.
Debe ser cierto que la soledad genera locura o puede que no esté loco, sino muy harto, eso nadie puede saberlo porque él no permite que se le acerque nadie.
En todo el tiempo que llevo viniendo a este lugar no ha recibido ni una sola visita.
Se lo pregunto todos los días a las enfermeras, porque aún tengo la esperanza de que no le hayan abandonado, pero no hay suerte.

Más adelante, apoyada como siempre en el marco de la puerta, como esperando algo o alguien, está Quel.
Está guapísima a pesar del cansancio acumulado y me besa afectuosamente, como siempre.
Le pregunto como ha pasado la noche Isabel y ella me cuenta que ha movido una mano y ha abierto un poco los ojos.
Intento darle ánimos, sé que nunca se me ha dado bien consolar a nadie pero me ilusiono con esos pequeños avances, aunque los médicos digan que son solamente reflejos.
Su hermana entró en coma hace 6 meses a causa de una negligencia médica y duerme desde entonces, pero Quel jamás la deja sola, ni siquiera por las noches.

Luego está Mónica, una niña de 17 años que padece una enfermedad extraña.
Para que no avance los médicos sólo pueden hacer una cosa: mantener sus defensas muy bajas.
Por eso ella vuelve al hospital tan a menudo, enferma con mucha facilidad.
Tiene la mesilla llena de brujitas de la suerte y por las mañanas, temprano, puedes escuchar el sonido de los dibujos animados saliendo de su habitación.
Siempre se me hace raro escucharlo en este pasillo tan gris.

Y por fin, al fondo, como cada tarde, los veo.
Llevan casados 30 años y aún pasean cogidos de la mano.
Me quedo haciendo tiempo en el pasillo sólo para verlos un ratito antes dar la vuelta.
Hoy ella le dice que tiene que volver a casa porque se siente sola y está demasiado mayor para tanto ajetreo.
Él se echa a llorar y la besa como lo haría un adolescente en su primera cita.

He conseguido venir todos los días aquí desde hace dos meses sin verter ni una lágrima, gracias a ellos...

domingo, enero 22, 2006

5 rarezas

El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos "
Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas y añadir el link de su blog o diario web. Es importante dejar un comentario en su blog, diciendo.... "Has sido elegido" y decirles que lean el vuestro, para que acepten o no el reto.

Ella me ha nominado para esta cadena y yo recojo el testigo, así que aquí van mis 5 extraños hábitos.

1) Jamás uso paragüas porque me parecen incomodísimos.
El hecho de tener que acordarse de llevarselos antes de irse de los sitios, de entrar en una tienda con el paraguas chorreando en la mano, de tener que esquivar a la gente por la calle por si le meto el paraguas en el ojo a alguien... y para colmo más de una vez se me han dado la vuelta por culpa del viento y he pasado verguenza.
Además, me gusta que me llueva encima.
(
Tengo una amiga que siempre va con uno de esos artilugios infernales en el bolso y cuando sale de casa sin él está incómoda.
Hasta se ha fabricado una funda para paragüas con film transparente de cocina, para poder volver a guardarlo en el bolso aunque esté mojado y puedes apostar a que si ella ha salido sin su paragüas, sólo es cuestión de tiempo: lloverá. Bueno, este hábito no es mío, pero siempre me ha hecho mucha gracia :P )

2) cuando me levanto por las mañanas evito tener que hablar con nadie.
La primera media hora es muy delicada y puedo mandar a paseo a cualquiera, sin motivo alguno, sobretodo si la persona en cuestión me hace más de dos preguntas seguidas.
Con mi madre tengo que contenerme todas las mañanas porque es de las que, en cuanto dices "buenos días" te acribillan a preguntas.

3) Cada vez que me toca esperar mi turno para la ducha, entro en la habitación de mi hermana mayor y empiezo a leer uno de los libros de su biblioteca particular. Tiene muchísimos y cada vez cojo uno distinto, no sé por qué. Podría coger siempre el mismo y así ir aprovechando esos ratos para terminar alguno, pero no, tiene que ser uno nuevo.

4) Cuando se me mete en la cabeza que tengo que aprender a hacer algo, no paro hasta que lo consigo.
Ya puede ser el dibujo, la mecanografía, un pastel o hacer ganchillo...
Aunque después no vuelva a hacerlo nunca más en la vida, tengo que aprender y además alcanzar un nivel considerable.
Además soy muy caprichosa en ese sentido, y cada dos por tres me levanto por la mañana con la idea fija de aprender a hacer algo... y desde ese momento hasta que aprendo tengo a todo el que me rodea mareado con el mismo tema.

5) Cuando viajo guardo todo los recuerdos que puedo de los lugares a los que voy: servilletas, sobres de azúcar, cerillas, los planos de las ciudades que reparten las oficinas de turismo y después los voy colocando en el álbum de fotos.

No nomino a nadie pero si pasas por aquí y te apetece, puedes copiar las reglas en tu blog y contar a la blogosfera qué rarezas tienes ;)

Referrers (I)

Me he fijado en las estadísticas de ShinyStat, mi contador de visitas, y he visto que algunas personas llegan a esta página buscando dibujos de tazas de café.

Bueno, aquí podeis encontrar unas cuantas fotos y dibujos.

miércoles, enero 18, 2006

Lo que hay que oír...

Hay personas completamente faltas de personalidad que repiten constantemente como loros la información que aparece en el periódico y yo supongo que piensan que haciendo esto parecerán más interesantes, instruidos y cultos.
Supongo que interpretan lo que leen como la verdad absoluta sin pensar que gran parte de la "información" que recibimos es en realidad una opinión personal.

No puedo evitar que se me revuelva el estómago cuando escucho a la gente que hay a mi alrededor diciendo cosas como:
"Es que el tema de la gripe aviar seguramente acabará en PANDEMIA".
Es la nueva palabra de moda, PANDEMIA.
De vez en cuando sale una palabra de estas un par de veces en el telediario y automáticamente la mitad de la población la hace suya.
Lo que me pregunto es si antes de todo esto alguien sabía por estos lares (quitando expertos en el tema) qué significaba la palabra pandemia y si incluso ahora que el tema está en auge todo el que usa la palabrita en cuestión sabe lo que quiere decir.

Así estás en el supermercado tan tranquila comprando lechugas y escuchas a la maruja de al lado diciendo que le da mucho miedo el tema de la "pandilla aviar".
Y digo yo... ¿no le habría quedado mejor decir "la gripe de los pollos"?
De repente todo el mundo es experto en contagios, virus, epidemias...
Y ya nadie compra pollo.

Tengo un compañero de trabajo al que le hace mucho daño escuchar las noticias, porque todos los días aparece por la puerta con una sentencia lapidaria sobre alguna cuestión estúpida pero, según él, probada científicamente y a mi ...

¡a mi se me ponen los pelos de punta!

Sin ir más lejos, hoy no hace más que repetir que ahora los médicos recetan chocolate, que "los beneficios del chocolate están científicamente probados".
Vamos, que según él, a partir de ahora, las tabletas de chocolate Nestlé tendrían que venir con prospecto.

Y pienso en cuando por desgracia hay un atentado y la policía investiga sobre el tipo de explosivo usado para fabricar las bombas y van comentándolo en el telediario.
Así al día siguiente, mientras vas en el metro, escuchas cosas como :
"No, es que la ETA usa TNT y los otros usan goma2, el tytedine... y resulta que el PG2..."

Porque normalmente la gente habla de las cosas que escucha en los medios como si ellos mismos hubiesen estado haciendo una tesis doctoral sobre ello.

Me dan ganas de acercarme y preguntarles si realmente saben de lo que están hablando, sólo por curiosidad.

lunes, enero 09, 2006

Ultimamente

Quisiera poder decir que si he estado tan ausente en los últimos tiempos ha sido porque he tenido demasiadas diversiones con las que entretenerme.
Quisiera poder decir que mis tres deseos se hicieron realidad y que he estado celebrando por todo lo alto con mis amigos y mi familia.
Qusiera poder decir que por suerte he descubierto que la vida no es tan injusta como yo creía y que los finales felices no aparecen tan solo en los cuentos.
Tampoco me quejaré de nada puesto que, al fin y al cabo, siempre se puede estar peor.
Y todavía quedan motívos para sonreir de vez en cuando.