jueves, diciembre 21, 2006

Todos los años...

...consigo convencer a mis familiares para que sigamos haciéndonos regalos en nochebuena.

...espero al último momento para comprarlos.

...se sienta en nuestra mesa un personaje que detesto.

...digo que no iré a la cena de Navidad de la empresa porque es un rollo y luego siempre voy y me lo paso bien. (?¿)

...salgo a dar vueltas en coche sólo para ver las luces de Navidad.

...ponen una estrellita iluminada sobre la atalaya de Torrelodones que se ve desde la A6. Este año no la han puesto y la echo de menos cuando vuelvo a casa por las tardes.

...nieva en Nochevieja o casi.

...voy con mis amigas a dar una vuelta por las tiendas de la calle Fuencarral y a desayunar chocolate con churros (o churros con chocolate) en las inmediaciones. El dueño de la cafetería a la que vamos nunca se acuerda de nosotras, no sabe que él y su cafetería forman parte de nuestro pequeño ritual navideño.

...desde hace 5 años, mi amiga V. me llama para preguntar en qué número de la calle está mi casa, para enviarme una postal.

...me toca preparar las postales navideñas para los clientes y nunca las reciben a tiempo (de hecho aún no las he enviado).

...le prometo a mi madre que la llevaré al mercadillo de Navidad de la plaza Mayor (este año lo cumplo, en serio).

...alguno de mis compañeros de trabajo me roba el regalo de Navidad que me envía una de las revistas de informática en las que se publican los anuncios que diseño, lo cual me pone de muy mal humor.

...escribo una lista interminable de propósitos para el año nuevo que nunca cumplo.


...me prometo a mí misma que no escribiré el típico post melancólico-Navideño.

martes, diciembre 12, 2006

¿Feliz?

Hace poco leí en algún sitio que la felicidad es desear lo que se tiene.
Tal vez eso significa que mientras deseas algo que aún no tienes, no puedes ser feliz.
¿Pero quién me asegura que cuando logre aquello que deseo, no desearé otra cosa?
Porque la mayoría de las veces, cuando lo consigues, automáticamente empiezas a desear otra cosa, a querer más.

Para mí la felicidad también está en esa ilusión por conseguir algo, un poco como cuando de niños queríamos tanto ese juguete que traerían los reyes y pasábamos el rato imaginando como sería tenerlo entre nuestras manos y jugar con él.
Después llegaba el gran día, desenvolvíamos el regalo... y todo se acababa ahí.
Te ibas a la cama con la sensación de haber perdido algo y no sabías muy bien qué era.

La ilusión.
La ilusión de los preparativos, de la espera, del cómo sería, la ilusión de saborear los momentos previos y soñar, saber que algo iba a pasar y sólo había que esperar que ocurriese, saber que había algo nuevo esperándote.

Un día antes de verle, un momento antes de desenvolver el regalo, ver tu comida preferida en el plato antes de saborearla, la mirada que precede al beso, la cola antes de entrar en el teatro, el teléfono sonando un segundo antes de oír su voz, el día antes de tu cumpleaños, hacer la maleta pensando en qué ropa llevarás cuando estés bajo la torre Eiffel...

Puede que la felicidad esté en pensar que estamos a un paso de ser felices.

lunes, noviembre 20, 2006

Memorias de una ex-fumadora

Mi relación con el tabaco empezó más o menos a los 14 años, cuando una tarde de verano, junto a unas amigas y a mi hermana, nos reunimos bajo el puente de las vías, no muy lejos de la que por aquel entonces era mi casa, a hablar de chicos y a mirar esos trenes blancos y rojos que pasaban rapidamente delante de nuestros ojos, mientras saludábamos con la manita a los pasajeros que viajaban hacia quién sabe donde.
La primera vez que dejé que el humo invadiese mi garganta y mis pulmones, me dio un ataque de tos tan fuerte que empezaron a llorarme los ojos y aún recuerdo como todo me daba vueltas.
Pero empecé a fumar en serio a los diecisiete años, junto a mi primer noviete de verdad, aunque él lo dejó pocos meses después, yo seguí fumando durante siete años seguidos.
Yo creo que más que el vicio de la nicotina en la sangre, tenía el vicio de tener algo que hacer con las manos mientras hablaba con alguien o estaba nerviosa por algún motivo.

Pero una mañana, con 24 años, tras llegar asfixiada a un primer piso después de subir un minúsculo tramo de escaleras, decidí que el tabaco no habría seguido condicionado mi vida y que podía dejarlo.
Y lo dejé, de un día para otro, sin recaídas, hasta los 25 años más o menos, hasta la época en la que los nervios no me dejaban dormir por la noche y me levantaba a fumar un cigarro tras otro como si el alquitrán pudiese darme la solución a mis problemas.
Y después, después de haber superado el problema, decidí que ya no necesitaba fumar y lo dejé una vez más.

Desde entonces gesticulo bastante más cuando hablo y cuando me ofrecen un cigarro siempre digo "no fumo, gracias" a pesar de que, al pedir una mesa en un restaurante, mi subcosciente me traicione y acabe siempre en el apartado para fumadores, porque es cierto eso que dicen, aunque lo dejes nunca te conviertes en un no-fumador.

Pienso que uno de los trucos para dejarlo está en NO PENSAR que nunca más vas a volver a encenderte un cigarro.
Llevé durante seis meses un paquete de tabaco y un mechero en el bolso y, al contrario de lo que pueda parecer, tenerlos a mano me daba tranquilidad porque podía pensar: "no fumo porque no quiero, pero si quisiera, podría hacerlo en cualquier momento".

Confieso que a veces tengo pequeñas crisis, pero las voy superando.
De las cosas que más ganas de fumar me dan y que peor llevo es ver en el cine el primer plano de alguien que está fumando, escuchar al otro lado del teléfono como fuma mi interlocutor, tomar café en compañía de algún fumador y las esperas.

Sólo me molesta el humo cuando alguien fuma cerca de mí mientras estoy comiendo, es algo que me ha molestado siempre, incluso cuando yo fumaba.
No aguanto a los ex-fumadores que no soportan que nadie fume en su presencia y por suerte no me he convertido en uno de ellos.
Pero me pregunto qué es lo que nos empuja a querer echar humo por la boca, cuando sabemos perfectamente que nos estamos envenenando, que ser no fumador es un bien hasta para nuestra vida social, que nos volvemos rápidamente más feos, más viejos, más cansados y sobretodo dependientes, irascibles, que envenenamos a quién nos rodea y estropeamos cuadros y cortinas, dientes y manos, que nos cambia la voz y el sabor de los dulces y de los besos, que gastamos para arruinarnos la salud el dinero que muchas veces ni tenemos, que no pensamos en lo que molestamos a quién no soporta el humo, en los pulmones de los niños que nisiquiera saben todavía lo que es un cigarrillo, que hay quién vive gracias al dinero que gana matándonos, que el cementerio está lleno de fumadores y ex-fumadores, que después la ceniza te la encuentras en todas partes y es tan molesta como las colillas pisoteadas en una sala de espera...

Uff...

...y sin embargo, a pesar de todo, de vez en cuando me encendería un cigarrillo...y me quedaría tan ancha.

miércoles, noviembre 15, 2006

De tostadas y tecnología

Esto es el colmo.
Estar tanto tiempo delante de un ordenador y hablando con gente que maneja ordenadores está afectando negativa y seriamente a mi salud mental.

Es normal, una no consigue aclararse entre tanto tecnicismo, que si TFT, CRT, LCD, CDRW, DVDR, DIVX, MP3, HDD, FDD... que si Windows 98/2000/NT/XP... que si memoria RAM, memoria ROM, memoria CACHÉ...

Al final, la única memoria que recuerdas de algún modo es la que tenías hace años, cuando este tipo de artilugio infernal se llamaba "commodore 64" y sólo lo usabas para jugar al "Funambulo" y el "Tanatos" sin siquiera sospechar que más adelante ese inofensivo y simple aparatito se convertiría en uno de tus mayores quebraderos de cabeza.

Que se convertiría en un pantallazo azul aparentemente inofensivo, que acaba de llevarse al más allá las últimas 8 horas de trabajo, que, por supuesto, no has guardado.

En un pequeño clip juguetón que desde la esquina inferior derecha de tu pantalla TFT intenta dirigir tu vida.

En un montón de chatarra que te dice (sí, a ti) cuando puedes pulsar el botón de apagado.

Claro ¿cómo puede una, en los tiempos que corren, no volverse loca?

Había leído hace poco un test con una serie de preguntas estilo:

- ¿Cuando necesitas ayuda, gritas "F1"?

Al principio me había reído un montón y me había preguntado si realmente podía existir gente tan enferma como para contestar que sí a alguna de esas preguntas.

Pero sin ir más lejos, esta tarde al volver del trabajo, ni corta ni perezosa, le he preguntado a mi madre si había comprado tostadas digitales.
...
.....

Y yo me pregunto:
¿Qué será lo próximo?

¡Integrales!
¡Quería decir tostadas integrales!

jueves, noviembre 02, 2006

Seguimos dándole vueltas

Siguen torturándome con el tema del famoso anillo.

De pequeña solía ir con mis padres a Amalfi algunos fines de semana, cuando tocaba vivir cerca de allí, claro está.
Creo que la costa Amalfitana es el lugar más bonito de todos los que he visto hasta ahora, pero no soy objetiva porque queda demasiado cerca del lugar en que nací.
La iglesia de Sta. Andrea tiene una escalinata preciosa por la que mi inseparable hermana y yo soñábamos con bajar, sin apenas rozar los escalones, embutidas en un vaporoso vestido de novia.

Sí, hubo una época en mi vida, hace muuucho tiempo, en la que yo también soñaba con eso.

Mientras nos hundíamos en un enorme helado "alla nocciola", esos helados a alla nocciola que nos han acompañado durante toda nuestra infancia, soliamos decir:

"Nos casaremos aquí y papá nos dejará su brazo para subir"

El hecho de no estar bautizada* ni se me pasaba por la cabeza y me importaba poco si aquello significaba casarse ante Dios y todos sus arcángeles, era sólo cuestión de coreografía, porque ni siquiera en aquella época creía, a pesar de ese año pasado en el colegio de monjas en Roma, los esfuerzos de mi abuela N. y de las numerosas visitas a la virgen de Pompeya.

Claro que sí.
Qué fácil era ilusionarse por aquel entonces, cuando nos hacían creer que lo máximo en esta vida era dedicarse a la búsqueda de quién te pusiese esa alianza en "el día más feliz de tu vida".

La verdad es que a lo largo de mi vida, con más de una persona he hablado de cómo sería el día de nuestra boda.
Pero debo reconocer que para mí siempre ha sido sólo un juego y supongo que para ellos también.

¿Cómo podría jurar ante todas esas personas que estaré contigo y "cuidaré" de ti por siempre, si ni siquiera sé si me apetecerá verte, mañana?
Se me caería la cara de vergüenza.

"Yo estoy seguro de que te querré siempre"

Que te lo digan mirándote así, con los ojillos brillantes, casi aguados, lo hace más bonito todavía.
Pero no puedo creer que alguien pueda estar seguro de algo así.
Lo veo tan imposible de entender como el concepto de algo que es infinito.

Un poco como aquella frase que tanto me saca de quicio: "Nadie te va a querer más que yo"
¿Y tú qué sabes?

Lo único que me veo capaz de prometer es que estaremos juntos hasta que funcione ¿no es más lógico así?
Y si el interesado quiere planes, haremos planes, pero no de ese tipo.
Planearemos viajes, cenas, salidas...
Planearemos un futuro que incluya hasta pasado mañana o un poco más y luego ya se verá.

Llevo unos días intentando explicarle al mundo que a día de hoy, es lo máximo que me veo en condiciones de planear.



(*) O eso creo... aunque algunos rumores dicen que sí. Un día de estos escribiré sobre ello.

jueves, octubre 05, 2006

Fragile

Un fin de semana de relax con Mr. N. que se torció un sábado y se convirtió en una de las peores pesadillas que he tenido.
Salas de espera, batas verdes, batas blancas, camas, camillas, pasillos...
No voy a escribir otro post sobre hospitales, ya sabemos todos más o menos de que va el tema, ¿no?

He vuelto a casa después de veinte días de infierno y me he sorprendido al darme cuenta de que efectivamente "sólo" han sido veinte y no una eternidad, como me había parecido, y todo está más o menos igual que antes.
Mi padre dice que algo ha cambiado en la expresión de mi cara, pero me miro en el espejo y me veo exáctamente igual que siempre.

Me despierto por las noches sin saber muy bien dónde estoy y de vez en cuando tengo la impresión de que, con un simple roce, me rompería en mil pedazos, pero dentro de lo que cabe estoy bien.

Creo que hay por ahí un montón de post nuevos que no he leído y que merecen una tarde de colacao calentito, sofá y manta, ahora que POR FIN ha llegado el fresco.

Me da que no os librareis de mí...

lunes, septiembre 11, 2006

De ropa interior

No sé si todos los hombres están al corriente, supongo que no, pero muchas mujeres tienen su cajón de ropa interior dividido en tres categorías:

La primera categoría es la categoría Ropa Interior de Diario.
Eso suele ser una colección de modelitos digamos normales, lo que más abunda.
Cómodos a la par que bonitos (dependiendo mucho del estilo de cada una) pero no suelen incluir encajes, puntillas y demás virguerías, por comodidad.
La ropa interior de trabajo digamos (a no ser que te dediques a un trabajo en particular) que sí, está bien y es enseñable pero no es especial ni mucho menos.

Luego está la categoría Sexy:
En ella se incluyen todos esos conjuntitos "ideales-de-la-muerte" con puntillas y demás historias para quién las soporte (o para quién no las soporte pero con tal de estar sexy se sacrifica, pasa lo mismo que con los tacones), tangas con formas inverosímiles y braguitas con truco de todo tipo - que si me desabrocho por un lateral, que si llevo un botón escondido, que si parece que no llevo de lo transparente que es - etc.
Ese sujetador preciosísimo con dibujos, puntillas, relieves, aros, gomaespuma, tacto ideal, etc., que una, después de un rato de entrar en una tienda de lencería y hablar con la dependienta, tiene la impresión de que se está comprando un coche.

Todo esto para que después, al ver el percal, te preguntes para qué tanto dinero invertido en estas cosas y tantas horas de tiempo gastadas en Victoria's Secret si luego resulta que ni la mitad de los hombres se fijan en eso y lo que tú realmente querías era ese tanga que costaba dos duros y llevaba un dibujo de la rana Gustavo.

Algunos, como mucho, se fijan en el color.
Que un día estás hablando con el "pariento" por teléfono, y te suelta:
- Niña, pero que bien te quedaba el tanga negro, es que te hace un culo... que... mmmm... madre mía, mejor me callo que me pongo malo.
Y tú le contestas, emocionada (sí, por fin se ha fijado!!!!):
- ¿Cuál? ¿el de Oysho con el bordadito en el lateral? ¿el que llevaba el jueves que tiene ese encajito gris o el que me puse para la boda de tu prima? (más que nada para volver a la tienda y comprarte otros 10)
Al otro lado del teléfono, un largo silencio y después un:
- Y yo que sé ¡el negro!

Jamás sabrás a cuál de tus 300 modelitos de tangas negros se refiere, pero da igual, te pongas el que te pongas, si es negro lo más probable es que él piense que es el mismo.

Después está la categoría Cutre.
Sí, la categoría cutre es ese rincón en el que te puedes encontrar unas terribles y enormes bragas de algodón como las que llevaba tu abuela que una se pregunta por qué narices no las tira de una vez, pero es que para "esos días" son muy cómodas.
Sí, esos días en los que no eres casi ni persona y necesitas unas enormes y confortables bragas de algodón de cuello vuelto, porque yo lo valgo y no tengo ni idea de a qué huelen las nubes.
Que cuando sales de casa rezas para que no te pase nada porque vamos, como te pase algo y tengas que enseñarlas te puede dar algo.

Y yo me pregunto: ¿a los hombres también les pasa? ¿También tienen ropa interior "especial" y ropa interior de andar por casa? ¿También la compran en base a los gustos de su pareja o de las mujeres en general? ¿Les molesta que ellas no se fijen en sus calzones?

jueves, agosto 31, 2006

Trabajo de oficina II

¿Que por qué no me digno a actualizar de una vez en lugar de escribir chorradas en los comentarios?

La respuesta es simple:

El lunes llegué a la oficina y la secretaria no estaba: se ha ido de vacaciones.
El caso es que cuando ella no está, me toca hacer su trabajo.
Lo hago pero no me pagan para ello y en mi contrato no pone en ningún sitio que tenga que hacerlo.
Es el precio que tengo que pagar por todos los ratos muertos leyendo blogs y haciendo el tonto y puedo asegurar que para mí es un precio elevado, porque no soporto el teléfono.
Es algo que detesto, no me gusta nada y aquí no para de sonar, sobretodo por las mañanas.
Además, ahora han instalado esos "pinganillos" que van colgados de la oreja tan modernos tipo Madonna, que sólo nos faltan los sujetadores de copa puntiaguda para montar el show y yo, sinceramente, si ya me liaba con el teléfono normal y la dichosa centralita, no os quiero ni contar lo que me ha costado hacerme con el funcionamiento del trasto en cuestión.

Ahora descubro que años de experiencia cubriendo las "bajas" de la compañera (a la que, curiosamente, le baja la regla unas 3 o 4 veces al mes) no han servido para nada.
Todavía me cuesta inventar excusas para darle largas a la gente.

A lo largo del día llaman un montón de personas que lo único que quieren es vender algo o conseguir hacer un contrato de telefonía, vending o lo que sea. Si los reconozco desde el principio, cosa que no suele ocurrir, corto por lo sano diciendo que ya tenemos ese maravilloso tanque de agua fresquita o esa estupendísima máquina de café espresso.
Si no los reconozco mal asunto.

Suena el teléfono.

- Empresadenombrelarguísimoeimpronunciable dígame
- Buenos días, soy Menganita de empresadetelefonía, quisiera hablar con el encargado de la telefonía móvil.
- Un momento por favor.

Marco la extensión del encargado de la telefonía móvil, le digo quién es y me contesta:

- Puf, ahora no puedo, además es una pesada, dile que llame luego.

Bueno, le digo que llame después y a partir de ese momento empieza a llamar cada 5 minutos.
(Está reunido, está comunicando, ha salido un momento, ha ido a comer, aún no ha vuelto de la comida, está atendiendo a un cliente, se ha ido al Congo de vacaciones... etc)
Genial.

Suena de nuevo el teléfono.

--Empresadenombrelarguísimoeimpronunciable dígame
- Quisiera hablar con fulanito, llamo de Banco Y.
- Un momento por favor.

Fulanito es el mismo de antes, el encargado de la telefonía.
Marco de nuevo su extensión.

- Pufff, otro pesado, dile que he salido un momento y que llame luego.

Se lo comunico al señor del Banco y a partir de ese momento empieza a llamar cada 10 minutos.
(A la tercera le digo que ha tenido que salir por una urgencia y que no sé si volverá, uf)
Estupendo.

Me levanto a ver qué es eso tan importante que está haciendo como para no poder atender ni una triste llamada y veo que está espatarrado delante de la tele de plasma que tenemos en exposición, con una coca cola en la mano, con el pinganillo puesto, eso sí.
¡Que cabrón!

Suena otra vez el teléfono.

- Empresadenombrelarguísimoeimpronunciable dígame
- Señorita, yo quisiera hablar con fulanito, tengo un problema con un equipo y necesito que me resuelva unas dudas...

Joe, parece que no hay más gente en la empresa!

Marco una vez más la extensión de mi amigo.

- Te llaman -
- ¿¿¿Y quién coño es ahora??? Que pesados, ¿¿¿qué quieren???? -

Ya estamos otra vez.
Mientras tanto suenan otras dos líneas a la vez, las luces de la centralita no paran de parpadear y me estoy desquiciando. Pienso que seguramente serán el del banco y la de la empresa de telefonía.
Me empiezo a agobiar.

- ¿¿¿¿Me vas a decir quién es???? - insiste el simpático.
- Pues es... es... es.... ..... ..... ..... Es tu mujer!
- Y a qué esperas! Cuelga!

Click.

Todavía no ha venido a pedir explicaciones... ¿habrá pillado la indirecta?

Quiero irme a casa.

Edit de las 17:25: Por si alguien no lo sabía, hoy es el BlogDay (y yo con estos pelos).

domingo, agosto 27, 2006

Sono qui!

Siempre he pasado de los consejos de la abuela en plan: no andes descalza que te dolerá la garganta, llévate una chaqueta para los lugares con aire acondicionado, tápate los riñones aunque sea verano, no duermas bajo el ventilador de techo, no te quedes con el bañador mojado, sécate bien el pelo antes de ir a dormir, no te bañes en la piscina si hay viento porque luego al salir te enfrías, etc etc.
Nunca he sido de esas chicas que van a todas partes con una chaquetilla en el bolso por si refresca, como mi amiga P. que el verano en que nos fuimos de vacaciones a su casa de Benalmádena, nos hizo quitar el aire acondicionado del coche porque decía que luego le dolían las articulaciones y eso que fuera había 40º.

Llevo 27 años andando descalza siempre que puedo, incluso en invierno. Durmiendo con el ventilador encendido en verano, procurando que haya corriente en casa cuando hace mucho calor, bañándome en la piscina o en el mar aunque no haga calor y aunque el agua esté helada y yendo a trabajar en tirantes aunque el aire acondicionado de la oficina esté a tope y nunca me había pasado nada.

Pero la abuela tenía razón:
A "ciertas edades" no se puede dormir con el culo al aire si hay corriente, ni bañarse en la piscina de noche cuando no tienes un bañador seco de repuesto.

Lo he comprobado estos días...

lunes, agosto 21, 2006

...

Modo moribunda: on
Tengo fiebre y me duele todito todo.
¿Se puede estar así en pleno agosto?

Volveré...

(o eso espero)

jueves, agosto 17, 2006

No soy tu madre

Durante estos días en los que no están mis padres me he dado cuenta de lo rematadamente mimado que tiene mi madre a mi hermano.
Entre los muchos detallitos que me han hecho caer en la cuenta, el primero es que "el niño", como lo llama ella a pesar de que pronto cumplirá 22 añitos, no come ni cena si no le pones la comida delante.
Sí sí, hay que ponerle de comer como si fuese un pajarito o un gatito.
El primer día volvió a casa, se tiró en el sofá y yo pensé "en algún momento se levantará, irá a la cocina y se preparará la cena" (bueno, quién dice preparará, dice calentará).
Pero él no. Se quedó viendo la tele y pensé: "se ve que no tiene hambre o ya ha cenado algo fuera". Así que al rato nos fuimos todos a la cama.

Lo bueno vino a la mañana siguiente cuando, después de darle los buenos días, me dijo: "Puff, que hambre tengo, que ayer no había cena y me tuve que ir a dormir en ayunas".
Después de colocarme de nuevo los ojos en su sitio y cerrar la boca, intenté hacerle notar que sí que había cena pero que no es un ser animado que se calienta solo y va con sus patitas hasta donde tú estés.
A lo que él me contestó maravillado, como si acabara de descubrir quienes son los Reyes Magos:
"Ah! Es que mamá me la pone en la mesita del salón..."

Vamos, que la noche anterior estaba repantingado en el sofá, no simplemente viendo la tele como yo creía, sino esperando a que le pusiese la cena.

Cuando hicimos el reparto de tareas domésticas al principio de esta semana para que luego no hubiese quejas de quién hacía más y quién hacía menos, sabiendo que en su vida ha fregado un plato o barrido el suelo, mi hermana y yo, que tampoco somos unas amas de casa perfectas, nos apiadamos de él y le asignamos la ardua tarea de regar el césped (que consiste en darle a un botón, esperar un rato y volver a darle al botón).
Pues bien, ayer me asomé a la ventana y resulta que el césped se está poniendo de un sospechoso y nada saludable color amarillo. Al preguntarle si lo había regado me contestó que no, que como llegaba tarde pues no le apetecía ponerse a regarlo.
Y al decirle que podría haberlo dicho para que por lo menos no se nos quemara y evitar una muerte segura a manos de nuestro padre, me contestó todo digno que qué pasaba ¿acaso no se notaba que no lo estaba regando?

Anoche, cuando por fin disfrutaba de la cama sin el incordio de los malditos mosquitos, vino a despertarme para decirme que se le había olvidado cerrar la puerta con llave.
Entre el desconcierto de no saber muy bien a qué venía eso y el cabreo que me produjo que me despertara por esa tontería, le dije que lo que se hace normalmente en esos casos es bajar y cerrar la puerta.
¿Y qué me contestó?
Que él no podía porque estaba descalzo, que por qué no iba yo.


Y estas son sólo algunas de las muchas cosas con las que me ha dejado totalmente alucinada.
Por desgracia creo que a estas alturas el daño está hecho y difícilmente será posible que cambie el chip y se de cuenta de que las mujeres que hay en casa no son sus esclavas.

Creo que voy a tener que hablar seriamente con mi madre.

martes, agosto 15, 2006

Días así ...

Mis padres se han ido a pasar una semanita a mi querida Lisboa y aquí me he quedado, en casa, con mis hermanos.
Me envían fotos al móvil del Faro da Roca y de la Torre de Belem y pienso que me habría encantado volver con mi hermana, como hace un par de veranos, una semana durante la cual, a nuestro aire, nos recorrimos toda la zona.

Durante estos días me dedico a dar rienda suelta a la creatividad con el aliciente de no tener a mi madre pidiéndome cada dos por tres que quite mis trastos de en medio y me entretengo cazando mosquitos de noche mientras me pregunto por qué no son más silenciosos, porque lo que más me molesta, a parte de que me piquen en las manos, es oír ese maldito zumbido tan cerca de mis orejas.
Una vez leí en el blog de un chico italiano que para que no le picaran ponía el aire acondicionado a tope. Por lo visto a bajas temperaturas no pican, no me extraña, se deben quedar tiesos.
Me pregunto si es peor que te piquen los mosquitos o congelarte... En todo caso, por suerte, no tenemos aire acondicionado en casa.

Por desgracia mañana vuelvo al trabajo y no sé, tengo una sensación rara encima, no sé muy bien como definirla.
Quizá un poquito de rabia no por tener que volver a esa oficina gris, más bien porque recuerdo los veranos de hace años y todo era de otra manera.

También es verdad que hace unos días discutí con J. y como siempre, ahora es cuando empiezo a pasar del enfado a la tristeza y es que no puedo pretender que me dé igual después de todo lo que compartimos en su día.
Además tiene razón, no soy capaz de mantener vivas las relaciones con la gente que conozco y siempre son los demás los que tienen que buscarme.
Es un defecto que he intentado cambiar, pero no soy capaz, tengo largas temporadas en las que no me apetece saber nada de nadie y eso no es fácil de explicar.

Tal vez esta sea la típica crisis que me da cuando estoy mucho tiempo sin viajar.
Me consuelo pensando en que mis vacaciones me esperan en septiembre y que en octubre iré a ver las carreras.
Tengo muchas ganas.

viernes, agosto 11, 2006

Del montón

de Wislawa Szymborska

Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.
Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.
En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.
Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos personal.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero,de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.
Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.
Arbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.
Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.
Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.
¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?
¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?
El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.
Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.
Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien totalmente diferente.


(Traducción de Gerardo Beltrán)

jueves, agosto 10, 2006

Miguel

Lo vi de lejos.
Estaba en medio de un cruce, con su pijama azul de abuelito y las zapatillas de andar por casa.
Pasé por su lado con la intención de pararme a aconsejarle que andase por la acera pero cuando le miré a la cara me quedé sin palabras.
Era un señor mayor, sobre los 80 años y vi horrorizada que sangraba abundantemente por la boca y por la nariz.
Paré el coche en seco, en medio del cruce, tiré del freno de mano y no me hizo falta apagar el motor, salí corriendo sin poner siquiera punto muerto.

- Isabel!!!
- Señor, ¿se encuentra bien?
- Isabel hija...
- ¿Qué le ha pasado??
- Isabel llevame a casa (estaba llorando).
- ¿Isabel es su hija?
- Me quiero ir a casa...

Estaba muy asustado y completamente desorientado.
Miré a nuestro alrededor y no había nadie por allí, ni coches ni gente, nadie a quien pedirle ayuda. No sabía qué hacer, no llevaba el teléfono móvil encima y por lo tanto no podía llamar a una ambulancia. Siempre me pasa lo mismo, nunca llevo ese maldito trasto encima cuando lo necesito.

Recordé que había una residencia de ancianos muy cerca, seguramente había salido de allí.
Volví a mirarle y sentí un ligero mareo, estaba completamente cubierto de sangre, pero se mantenía en pie y caminaba sin dificultad, supuse que la sangre se debía a una caída o un golpe en la cara.
Conseguí juntar el valor suficiente para observarle bien porque para entonces aún no había superado mi fobia a la sangre y efectivamente, tenía toda la pinta de tener la nariz rota.
Podía llevarlo al lugar de donde había salido pero ¿y si le habían pegado ellos?

No me atrevía a hacerle nada, por miedo a causar más daños que otra cosa.
Por un momento pensé que me iba a caer desmayada... pero le agarré suavemente por un brazo y le llevé despacito hacia el coche.
Abrí la puerta del copiloto, le pedí por favor que se sentara y lo hizo sin poner ninguna pega, incluso se abrochó el cinturón sin que yo se lo pidiera.

Hice lo único que se me ocurrió hacer: llevarlo al centro de salud.
Por suerte vivo en un pueblo pequeño y no se tarda mucho en llegar a cualquier lugar, aunque esté en la otra punta.

Cuando llegamos a urgencias, la chica de admisión lo reconoció:

- Pero señor Miguel ¡otra vez por aquí! Madre mía ¿qué le ha pasado?

Por supuesto, él no se acordaba de ella y seguía llamándome Isabel.

Un celador le ayudó a sentarse en una silla de ruedas y desaparecieron los dos detrás de un biombo.

- Estaba en un cruce y...
- No hace falta que se quede señorita, ya nos encargamos nosotros, muchas gracias por traerlo.
- ¿Qué pasará con él?
- Le curaremos, nos aseguraremos de que no tiene nada grave y una ambulancia lo devolverá a la residencia.
- ¿Y la familia?
- Su mujer falleció y sus hijos se desentienden
- ¿Cómo que se desentienden? ¿Y no se puede hacer nada?
- ¿Qué vas a hacer? Ellos pagan la residencia y la residencia se encarga de él.

Ya veo.
Se ve que tenemos distintos conceptos de lo que significa "encargarse" de alguien.

Y en mi cabeza empezaron a retumbar esas tres palabras en las que pienso cada vez que me acuerdo de aquel día.

jueves, agosto 03, 2006

Trabajo de oficina

Estoy aquí sentada delante de la pantalla trasteando entre el flickr, los blogs, este blog y varias cositas más y de repente aparece el jefe.
Rápidamente, minimizo todo (santo mozilla y sus pestañitas) y pongo la "ventanita de disimular" es decir, una pantalla de un programa de edición de fotografías, con la foto de una pantalla táctil a medio retocar.
Tiene la manía de rondar por detrás de mi silla e incluso de apoyarse en el respaldo, mientras mira lo que estoy haciendo. Suele irse al rato, quejándose de que voy demasiado rápido con el ratón y se marea.

Jefe: ¿Estás haciendo ese trabajo que te he pedido?
Yo: (¿Qué me habrá pedido? Estoy espesa hoy y no encuentro excusas) MMmmmmMmm... pues... No...
J: Ah. (Hace un amago de irse, pero en el último momento se da la vuelta, pensativo) ¿Y qué estás haciendo?
Y: MmmmmmMm... pues... nada.
J: Ah. Vale.

Y se marcha sin más.
¡Si llego a saberlo no me molesto en disimular!
Definitivamente, los jefes de ahora no son como los de antes.

martes, agosto 01, 2006

Parking

(O como amargarse un sábado)


Centro comercial de turno, sábado por la mañana.
Voy con mi madre, nos disponemos a pasar la mañana de compras y acabamos de llegar al parking.
Es una bonita mañana de julio y nada parece poder estropear mi buen humor. En el radio-cd suena el último cutremix que yo misma he grabado la noche anterior y estoy muy orgullosa de la horrenda mezcla que he obtenido. Canturreo la pegadiza canción de turno mientras estoy ojo avizor, en busca de un buen sitio para aparcar.

Mi madre: "bueno, parece que hoy no hay mucha gente"
(está atestado)
Yo: "mmm... si..."
(qué cachonda es esta mujer)
Mi madre: "vamos a seguir a esa familia que parece que va a dejar la compra y dejará su sitio libre."

Bien. No soy partidaria de esta práctica.
En este país la gente no es nada altruista ni solidaria en el super.
Fuera puede que sí, pero en el super...
Basta que te pongas a esperar a que la familia de turno meta todos sus bártulos en el maletero con el intermitente puesto para que ningún buitre te robe el sitio, para que de repente decidan jugar a hacerlo todo a cámara lenta.
Si no fuera un coñazo estoy convencida de que muchos decidirían meter los productos uno por uno, sacandolos de las bolsas, sólo por el gusto de hacerte esperar más, es como si pensaran: ¿quiere mi sitio? pues se lo tendrá que ganar.
Circula por ahí la leyenda urbana de que en una ocasión un hombre abrió un paquete de arroz y fue colocandolo en el maletero granito a granito, sólo para fastidiar al pobre hombre que esperaba a que dejara el sitio libre.
¿Que la niña se acaba de comprar la granja de los pin y pon consistente en 3.000 micropiezas?
Ten por seguro que su padre decidirá montarlo ahí mismo en ese momento. Sólo para hacerte esperar.
¿Que el niño se ha comprado un juego nuevo para su game boy advance? estás perdido.
Seguramente toda la familia se reunirá a su alrededor para observar como la criaturita se pasa por lo menos el primer nivel.
Y tú ahí, esperando.
Luego están aquellos que se ponen a hacer actividades diversas en el coche independientemente de que estés esperando o no. Cualquier momento es bueno para tomar un aperitivo, leer un periodico, discutir con un amigo o enrollarse con la novia.
Y tú ahí, esperando.

Te dan ganas de irte claro, pero es un error.
Porque en el justo momento en el que metas primera y aceleres, verás a través del retrovisor encenderse la luz de marcha atrás del coche delante del cual has estado esperando media hora y cuando te dispongas a parar para volver atrás será demasiado tarde, porque ya habrá alguien con el intermitente puesto esperando a ocupar el sitio.
Y claro, no puedes explicarle a ese alguien que ese sitio te pertenece.

Bueno el caso es que como ya sé como funciona, paso del consejo de mi copiloto y me pongo a dar vueltas, a ver si hay suerte. Cuanto más tardo en encontrar un sitio más a menudo oigo a mi acompañante decir - Te lo había dicho - y más de los nervios me pongo.

Por fin lo veo.
Un hueco perfecto.
Cerca de la puerta, al lado de los carritos, sin columnas cerca... genial
Pongo el intermitente y acelero no vaya a ser que salga algún listo de la nada y me lo quite.
Empiezo a maniobrar y de repente cuando estoy entrando con el morro del coche en la plaza, me veo a un buen hombre en medio del hueco con los brazos cruzados y no parece tener ninguna intención de moverse.
Entonces le hago un gesto con la mano, inocentemente, como diciendo: ejem, voy a aparcar ahí.
Pero él de inocente no tiene nada, me dirige una mirada fría y niega con la cabeza.
Y pienso: ¿cómo que no?
Que no. Que él no se quita de en medio.

Ok.

Bajo la ventanilla y le digo: sería usted tan amable...
Pero no me deja terminar.
- No, es que aquí va a aparcar mi madre, que está dando la vuelta-
Sí, he oído bien.

Calma. Atropellarle no solucionará el problema.
Y echar espumarajos por la boca cual niña del exorcista tampoco.
Tengo dos posibilidades:
Esperar a que se canse o irme.
(Bueno, también podemos liarnos a guantazos o puedo enviar a mi madre a darle un par de bolsazos, pero tenemos todas las de perder así que lo descarto).
Si espero a que se canse y acabo ganando yo, seguro que a la vuelta tendré como mínimo todo un lateral rayado y un retrovisor destrozado. Porque son vengativos estos listillos.
Entonces tengo que decidir si me importan más mis principios o la carrocería de mi coche.

Me voy.

Al final acabo aparcando a tomar por saco, en un hueco estrechísimo entre dos columnas, con poquísimo espacio para maniobrar y en la zona menos iluminada del parking.
Y además, cuando llego a la puerta se han terminado los carritos.

Luego me preguntan por qué no me gusta ir a la compra.

domingo, julio 30, 2006

Conversaciones I


- Me he dado cuenta de algo.
- ¿De qué?
- Nunca hablamos de tí.

- ¿Cómo?
- Pues eso. Casi nunca hablamos de ti, casi siempre hablamos de los demás o de mi.
- Ah.
- ¿Por qué?
- No me había dado cuenta, no sé.
- Eso no me lo creo, claro que lo sabes.
- Sí, tienes razón.
- Y bien...
- No me gusta hablar de mi a no ser que sea estrictamente necesario.
- Pues no lo entiendo.
- Me aburre.
- A todo el mundo le gusta hablar de si mismo.
- No creo. Prefiero que me cuentes cosas.
- Pero alguna vez tendrás que contarme tú algo.
- Claro que sí, y lo hago. Te cuento muchas cosas.
- Sí, me cuentas muchas cosas que no tienen nada que ver contigo o por lo menos no directamente.
- Te cuento cosas de mi entorno.
- Pero no me cuentas lo que se te pasa por la cabeza.
- Es que no se me pasa nada por la cabeza, jiji
- Mira que eres tonta, estoy hablando en serio!
- Puede que a veces no formules las preguntas adecuadas.
- ¿ Por qué siempre tengo que sonsacarte? ¿Por qué no me cuentas las cosas directamente?
- ¿ No te gusta esa sensación de conquista?
- ¡No me respondas con preguntas! Qué quieres decir, que si quiero saber algo ¿me lo tengo que ganar?
- Bueno, no lo veo exáctamente así, no es que tengas que ganártelo, pero siempre es más satisfactorio conseguir las cosas cuando no son tan fáciles ¿no?. Además, antes de hablar quiero saber qué es lo que te interesa averiguar de mi.
- Pues es fácil. Quiero saberlo todo.
- Eso va a ser complicado, jaja!
- ¿¿¿De qué te ríes???
- Perdona. ¿Sabes qué? Puede que sí que te lo tengas que ganar.
- A veces me pones de los nervios.
- Lo sé... Pero es que te pones nervioso con una facilidad...
- No es eso, simplemente hay cosas con las que no puedo
- Como cuales, aparte de esto.
- Pues como, por ejemplo...
- ¿Sí...?
- ¡¡¡Agrh!!! ¿Lo ves? Otra vez estamos hablando de mi.
- ... (sonrisita "inocente")

lunes, julio 24, 2006

Pequeños y bajitos

Tengo un problema:

Necesito ganarme como sea el cariño de un niño de 7 años.

Sé que podría hacer trampas descaradamente y regalarle el coche teledirigido de Fernando Alonso, me querría más que a su madre, pero... yo quiero que me quiera desinteresadamente*.
¿Pero cómo lo hago? Siempre se me han dado muy mal los niños.

Con las niñas nunca he tenido ningún problema, por alguna extraña razón las atraigo sin hacer nada.
Nos miramos, les pregunto como se llaman, me preguntan cómo me llamo y normalmente, llegadas a este punto, se me agarran de la mano y ya no hay quién las despegue.
Me peinan, las peino, hablamos de zapatos y pintauñas, dejo que revuelvan en mi bolso buscando tesoros tipo un brillo de labios, un paquete de chicles o cualquier tontería por el estilo, se entretienen mucho con eso y es una manera de que noten que hay confianza.

Pero con los niños... esa es otra historia.
¿De qué puedo hablar con ellos?

El único niño con el que me llevo bien es el hijo de una amiga de mi madre que viene a mi casa de vez en cuando y con el que comparto mi pasión por los gatos.
No hablamos mucho pero jugamos juntos con mi gata y cuando nos despedimos parece que le da pena y todo.
Con los demás niños no hay manera, no consigo hacer buenas migas, siempre acabo frustrada o dolorida y cabreada, porque no sé como me lo monto, al final acabo cobrando siempre.

Como la última vez que me encontré con mi amiga V. y su hijo de 2 años en el super.
No sé por qué los padres tienen la manía de obligar a sus hijos a dar besos a la gente.
Que me dan ganas de decirles: si él no me quiere besar y yo no quiero que me bese ¿por qué nos tienes que obligar?
Pero claro ¿cómo le vas a decir a la madre de un niño de dos años que no quieres que su hijo se te acerque a menos de un metro? Si su niño es "la cosita más bonita del universo" si "no hay un niño más bueno que este", si "mi niño es especial, no lo digo porque sea su madre".
Así que ahí estábamos el niño y yo, con cara de pocos amigos, intentando hacer el trámite de la manera menos dolorosa y más rápida posible.
Y la madre toda contenta y sonriente.
Lo peor vino luego, cuando, no satisfecha con el beso inicial, le obligó a darme un beso de despedida.
Intenté convencerla de que no hacía falta y el niño se negaba con todas sus fuerzas, pero nada, no hubo manera, hasta que al final la madre agarró al niño a la fuerza y me lo acercó a la cara.

¿Y qué hizo el muy desgraciado?
Pues me dio una bofetada.
Luego claro, llegaron las justificaciones:
"Ay... es que en la guardería hay un niño que le pega y claro, ahora se ha acostumbrado... pobrecito, si es muy bueno..."
Cuando le dije al niño que la próxima vez le diese la bofetada a su madre, que era la que le obligaba a dar besos por ahí, ella se enfadó conmigo.

Y volviendo al hilo de este post, hay un niño de 7 años al que me tengo que ganar como sea, puesto que me veo obligada a verle muy a menudo y es bastante cortante que cada vez que me ve vaya a esconderse debajo de una mesa.
Me he dado cuenta de que le gustan los videojuegos, siempre anda con una maquinita de esas en la mano, escondido en algún rincón. Creo que la próxima vez le pediré que me explique cómo funciona un trasto de esos a ver si hay suerte y así me dirige la palabra.
Seguramente me llevaré una patada, pero en fin, no será la primera ni la última.

No sé si lo estoy haciendo mal o si simplemente ha decidido que no le caigo bien.
¿Alguien tiene alguna sugerencia?




*Además, yo soy ferrarista :P

lunes, julio 17, 2006

Pedazos

La gente de mi entorno, los que me conocen personalmente, no saben de la existencia de este blog.

Supongo que si los que me conocen lo leyesen se quedarían sorprendidos, porque como ya he dicho en alguna otra ocasión aquí y allá, soy una persona introvertida y aquí he contado cosas que nadie más que quién lee este blog sabe, ni siquiera mi inseparable hermana mayor.

Algunos se enfadarían porque no hablo de ellos y quizá pensarían que en mi vida no pintan mucho.
Pero no es así.
Creo que simplemente hay cosas y personas de las que no se habla en el blog sólo porque no se enciende la bombilla adecuada.

Mi madre me haría 30.000 preguntas y seguramente diría algo exagerado sobre mis dotes de escritora. Ja!
Ella es así, puedes pintar un garabato en una servilleta que lo primero que te dirá es: tendrías que haber estudiado bellas artes.
Va muy bien para la autoestima.
Pero no entraría en detalles importantes, ni investigaría sobre sentimientos de los que he hablado aquí.

Mi padre... mi padre se emocionaría y trataría estas líneas como si de una joya se tratase.
Pero creo que le dolería leer tan poco sobre él.
Lo que jamás sabría es que tengo varios post sin publicar que hablan de él.

Mis ex probablemente se enfadarían y uno a uno se darían por aludidos.
Los únicos que seguramente acertarian serian el hijo de la suegra de la que hablé hace un tiempo, su madre es inconfundible incluso escrita y el chico que me regaló el retrato.

Creo que a mi hermana le daría verguenza leer todo esto.
Es raro pero es así.
Un poco como cuando de pequeñas caía en sus manos alguno de mis diarios, sé que jamás fue capaz de leer ninguno.
Al contrario que mi madre, que de buenas a primeras, en la mesa, me hacía preguntas sobre temas de los que sólo hablaba en las páginas de esa Smemoranda que tenía debajo del colchón.

Mi hermano... la verdad es que no tengo ni idea de cómo reaccionaría o qué pensaría.

A veces pienso que si me pasara algo (algo definitivo), alguien de mi familia encendería mi portátil después de un tiempo y cotilleando en el historial de Firefox se encontraría esta paginita.

Quizá no le daría importancia y no investigaría lo suficiente como para averiguar que soy yo quién escribe todo esto.

O tal vez sí.
Y entonces tendría un pedazo de mí completamente distinto del que doy a conocer normalmente.

martes, julio 04, 2006

Sin guiones

Soy una de esas personas que están enamoradas del romanticismo sencillo.
No me gustan los aspavientos, no me gustan las exageraciones, no soy de las que opinan que mi pareja ha de pedirme casamiento en medio de un restaurante de lujo, arrodillado en el suelo, ofreciéndome a la vez un pedrusco del tamaño de Africa. No quiero aplausos ni nada de eso. Es más, a lo mejor ni siquiera tiene por qué haber una boda de por medio.
Tampoco me gustan las tonterías típicas de las comedias romanticas, como que me ofrezcan la anilla de una lata de coca cola como alianza, porque eso está muy visto y además ya me lo pidieron así una vez: teniamos 7 años.

No quiero celebrar el día de San Valentín, con sus corazones y rosas. No quiero ese tipo de obligaciones estúpidas. Me vale con un día cualquiera del año, sin demasiados planes, lo que surja y darme cuenta, después, de lo romántico y espontaneo que ha sido todo.
Creo que el verdadero romanticismo es ese, el que te sale de dentro y ya está, un pequeño, casi invisible gesto cotidiano, como que él rebusque en el bote de caramelos de colores el de color rosa, porque es el que a ti te gusta o decida enmarcar ese dibujo horrible, sólo porque lo has hecho tú.

Tampoco quiero mirar a un hombre y ver esa mirada de:

"Oh, Dios mío, me está mirando! Sí sí sí, me está mirando! Uys... qué hago, qué hago??? Ahhh, ya sé! Voy a poner una mirada así como más interesante... mmm... entrecerrando un poquito los ojos ... a ver... mmm... un poquito más... ahí está, creo que lo estoy consiguiendo. A ver... ahora levanto un poquito esta ceja... despacito... ahora sí, ahora creo que va a caer desmayadita a mis pies".

¡Por favor! ¡No puedo con eso!
¿Por qué hacen eso?
¿Durante cuanto tiempo ensayan esa mirada delante del espejo?
¿Por qué en lugar de eso no aprovecha ese tiempo para depilarse el entrecejo?

Ese tipo de detallitos son los que hacen sonar el "click" en mi cabeza.
Los que hacen que me pregunte dónde está el botón de emergencia.
Los que hacen que me pregunte ¿qué habré visto yo en este individuo?
Y me pregunto qué cara se le quedaría a Don Mirada Intensa si me pusiese a gritar.
Seguramente una cara espantada pero bastante más natural.

¿Y qué diría si, al preguntarme por qué grito, le respondiera QUÉ TE PASA EN LA CARA?

Y esas frases absurdas, desgastadas ya, copiadas de películas, de poemas... de de de... yo que sé.
Tengo una lista de frases de esas que ya no aguanto más:

- Estar contigo me hace querer ser mejor persona. (La number one en el ranking. Es bonita sí, pero por favor, esa pelicula la ha visto demasiada gente como para que pase por una invención original)
- Cada vez que te miro a los ojos, me pierdo en ellos (sí, bueno... habrá que regalarle un gps. Analizando esa frase he llegado a la conclusión de que ... es una chorrada!)
- Eres mi droga (bueno, no es de las peores pero en fin...)
- Cuelga tú, no, cuelga tú...(no comment!)
- Me quieres? Pero cuanto me quieres? Estás bien? Qué te pasa? (de vez en cuando vale, pero cada dos segundos cansa)
- En qué piensas (Diossss que alguien me de un valium)
- Te quiero (creo que usarlo aproximadamente cada 3 segundos es la manera más sencilla de que pierda todo su significado)
- Nunca me dices que me quieres (Claro que no, lo dices tú TODO EL RATO)
- No hay palabras para describir lo que siento (pues entonces callate... digo yo, menos blabla y más hechos)

Aunque después de todo esto suene raro, me considero una persona sensible y romántica, pero hay ciertas cosas que me pueden.
Se nota perfectamente cuando alguien te dice algo de corazón y cuando te lo dicen porque esperan causar efecto.

Hay gente que se monta en la cabeza peliculas enteras donde ellos y su pareja son los protagonistas, después las cosas salen como salen y te encuentras en una situación completamente surrealista.
Estás besando a la otra persona, te separas un poco (por aquello de que hay que respirar de vez en cuando) se te ocurre algún comentario, lo haces y la otra persona te dice : "Lo has estropeado todo! A la mierda el romanticismo!"
Entonces ¿qué tengo que hacer? Tengo que morderme la lengua y pensar en el comentario de marras mientras le beso y pensar que no debo hablar porque es un momento romántico que no quiero estropear y esperar a que se pase el romanticismo... ¿Y la naturalidad?

lunes, julio 03, 2006

Rita II

Y esta mañana, no sé por qué, me he acordado de aquel día de la primavera pasada en que pintábamos limones en los tiestos de su terraza.
Yo intentaba hacerlo perfecto, con cuidado milimétrico, porque aquello es como un escaparate y todos los vecinos que pasaran por ahí iban a hacer comentarios.
"Oye, tú has visto esas macetas tan horribles que tiene Rita en la terraza? Y las han pintado ellas, je! Pero eso qué es? Una ciruela?"
No podía ser, sus plantas eran demasiado bonitas para unos limones chuchurrios.
Pero ella, con un cigarro en la mano como siempre y un pincel en la otra, dibujaba esos limones casi perfectos en un par de pinceladas distraídas.

"Los limones nos identifican"
Claro que si.

Y también he recordado aquella botella de vino blanco, helado, que tomamos en la terraza de aquella casita de alquiler en la playa, en camisón, mientras hablábamos de todo un poco y los demás dormían y nos preguntábamos si habría a esas horas alguna heladería abierta que nos vendiese helado de limón.

Cada vez que voy a su casa a hacerle una visita y veo esos tiestos, algo desteñidos a causa de las lluvias, este nudo en la garganta se vuelve enorme.

Qué curioso.
Cada vez que veo una terraza bonita pienso que sólo le faltan unos limones pintados.
Y todos los limones del mundo me recuerdan a nosotras.

miércoles, junio 21, 2006

Primeros besos (II)

Era la primera vez que un chico demostraba abiertamente que estaba interesado en mí sin tirarme del pelo o tocarme el culo a traición.
Supongo que lo que más me gustaba era que de todas las chicas que había por allí, él se hubiese fijado justamente en mi.

A esas alturas el grupo estaba algo menos concentrado en nuestra conversación, pues creo que ellos por un lado y mis amigas por el otro, ya empezaban a rifarse a los más guapos (cosas que pasan cuando se es adolescente y no se ha entendido aún nada de la vida).

Nos contamos nuestras vidas por encima, en medio de un montón de gente, empezamos a hacer los típicos comentarios en plan : "vaya fiestas para críos, yo vengo aquí porque no hay otra cosa... etc"
Hasta que la abuela de una de mis amigas, que todos los veranos se sacrificaba una semanita para llevarnos a todas a las fiestas, apareció entre la multitud para advertirnos de que en 10 minutos nos íbamos a casa.

Aprovechamos ese tiempo para quedar al día siguiente en el mismo lugar y nos despedimos.
De camino a casa mis amigas estaban emocionadísimas y ya planeaban qué tenía que ponerme para mi primera cita.
Ellas también le habian echado el ojo a alguno y mi hermana, dos años mayor que el resto, daba consejos a diestra y siniestra, como una experta.

Al día siguiente quedé con las chicas mucho antes que de costumbre para arreglarnos. Parecía que me estaban vistiendo para mi boda y casi estaban más nerviosas que yo.
Me dejaban sus amuletos de la suerte, como si estuviese a punto de irme a la guerra.
Una me arreglaba el pelo, otra me ponía un brillo de labios, otra estaba literalmente dentro del armario rebuscando entre mis cosas.
"Si no se lanza él te lanzas tú". Yo contestaba "claro claro" pero mientras tanto pensaba: "ni de coña!"

Al final llegó la hora y nos vimos de lejos, me saludó con la mano y yo, como de costumbre, me sonrojé, le sonreí y bajé la mirada.
Estuvimos sentados en un banco hablando de nuestras cosas, al principio muy friamente pero poco a poco fuimos cogiendo confianza
¡Y él se iba acercando!
Que si te rozo la manita, que si a ver que pulsera más chula y me agarraba el brazo...
La verdad es que así de primeras no sabía muy bien si aquello me gustaba o si quería salir corriendo.
Pero me quedé.

Me pedía que le hablase en italiano. Por aquel entonces estaba bastante acostumbrada a que me lo pidiesen y se me acababa el repertorio (y a este ¿qué le digo ahora?)
Así que mirándole derechito a los ojos le solté: "Ormai quando mi chiedono di dire qualcosa in italiano non so mai cosa rispondere..." tan rápido que el pobre no se enteró de nada.
A partir de ahí no hizo más que preguntarme qué le había dicho, convencido de que lo que le había soltado era algún cumplido o piropo, o mejor aún, alguna proposición. Así que decidí que lo mejor era dejarle con la intriga.

Cuando se empezó a cansar de pedirmelo, empezamos a hablar de cosas un poco más serias y me contó que su padre era conductor de camiones y que la última vez que había ido a Salerno le habían robado todas las cajas de naranjas que transportaba. Yo le aseguraba que en contra de lo que podía parecer, no todos los del sur éramos unos ladrones. También me contó que tenía un hermano pequeño con el que se peleaba todo el día pero al que quería mucho.
La verdad es que era un chico muy sensible y bastante maduro para su edad, creo que eso era otra de las cosas que más me gustaban, aunque, como es natural, apenas nos conocíamos.

Así pasamos unos días, conociéndonos, hasta que, el día antes de que él volviese a Lleida, decidimos ir a dar un paseito, los dos grupitos juntos.
Él y yo íbamos hablando de nuestras cosas, un poco retrasados respecto a los demás.
Llegamos a un sitio donde el camino se divide en dos: la calle Real o la calle paralela, la de la iglesia. Las dos llevan al mismo lugar.
Solíamos ir por la Real porque era la más transitada, pero él me agarró de la mano y me llevó hacía la otra calle: "así les gastamos una broma". Ja!
Ibamos andando por esa calle, que era bastante oscura, él seguía sujetando mi mano dentro de la suya y andaba más despacio.
Y poco a poco se fue parando.
Me atrajo hacía él tirando de mi mano hasta que estuvimos uno en frente del otro, yo me puse muy nerviosa, pues no tenía ni idea de qué hacer.
Luego apartó un mechón de pelo de mi cara y me dijo: "que ojos más bonitos tienes".
Casi me da algo.

Sin darme tiempo a contestar, puso su mano en mi mejilla, acercó sus labios a los míos y me besó.

Cuando nos separamos, nos quedamos callados un buen rato, yo intentando asimilar lo que acababa de pasar y él intentando averiguar qué me había parecido aquello.
Nos sonreimos y le dije: "deben estar buscándonos"

Volvimos a la calle principal, cogidos de la mano.
Cuando mis amigas nos vieron entendieron todo y se pusieron como locas. En ese momento supe que el resto del verano estaría lleno de interrogatorios, análisis milimétrico de lo sucedido y mil suposiciones.

La verdad es que no fue el mejor beso del mundo pero lo recuerdo con cariño.
Aquella noche fue la última vez que nos vimos.
Nos dimos nuestras direcciones pero sólo nos escribimos una carta, de despedida.

jueves, junio 15, 2006

Primeros besos (I)

Nos habíamos conocido dos días antes, en la verbena.
Él estaba de vacaciones en casa de sus tíos, en el pueblo en el que yo vivía, era de Lleida y me gustaba muchísimo su acento.
Mi grupo de amigas y su grupo de amigos chocó durante uno de esos bailes absurdos tipo "Paquito el chocolatero".
La verdad es que llevabamos un buen rato tonteando, bendita adolescencia!

"Mi amigo está por ti".
"Quién?"
"Ese de ahí"
"Ese?"
"No, ese no, el de al lado"
"Ah!" (uff, menos mal)
"Te lo puedo presentar?"
"Mm..... pues... no sé..." (ea, parece que nacemos con el chip de: aunque te estés muriendo de ganas no vas a decir que sí a la primera para parecer una desesperada!)
"Venga, si no es nada, sólo os presento y ya está"
"Mmmmmm... bueeeeeno, veeeenga" (tono de "te estoy haciendo un favor" y eso que le había echado el ojo desde hace dos horas)

Qué tiempos aquellos.

El chico se acercó cabizbajo, a mi se me debieron poner las mejillas como tomates maduros, hicieron las presentaciones y de primeras metí la pata, pues siguiendo las costumbres de mi país, en lugar de lanzarme a darle dos besos, le tendí la mano.
Se quedó un poco sorprendido y nuestros amigos, espectadores del encuentro, empezaron a reírse.
Menos mal que tenía excusa y con el acento italiano marcadísimo que tenía entonces le dije:

"Lo siento, es que en Italia..."

Pareció gustarle aquello de ligar con una extranjera.

"Pues en España se hace así"
Apoyó una mano en mi cintura y me plantó dos besos bien
dados en las mejillas....

martes, mayo 30, 2006

Decepciones

Estaba dándole vueltas al tema de las decepciones.
Cuantas veces he tenido que oír a alguien quejándose por mi forma de actuar y reprochándome una decepción a causa de mis actos o de mi forma de pensar.

Alguien esperaba algo de mi y obtuvo otra cosa.
Alguien creía que ante determinadas situaciones actuaría de una manera, pero actué de otra.
Alguien quería escuchar unas palabras que nunca salieron de mi boca.
Alguien daba por hecho que me pondría de su parte y no lo hice.

A pesar de que nunca prometí nada al respecto, de que jamás dije ni hice nada para hacerle pensar que habría hecho las cosas de determinada manera.

A pesar de que simplemente haya sido yo en todo momento y nada más.

"Yo creía que no eras así, me has decepcionado".

Tengo que reconocer que estas palabras, al contrario que a muchas otras personas, me causan un extraño efecto.
No me entristecen, no me hacen sentir culpable, no me hacen daño ni tocan mi conciencia lo más mínimo.

Simplemente me cabrean.
Quizá porque a mí nunca se me ocurriría decirle a alguien que me ha decepcionado si jamás me ha prometido nada.
Y aunque lo hubiese hecho no usaría la palabra decepción.
Para mí las decepciones, en muchos casos, no las causan los demás, nos las causamos solitos, por esperar cosas que son solamente fruto de nuestra imaginación.
Y me parece absurdo echarle en cara a alguien las propias decepciones.
Como queriendo decir que esa persona no ha estado a la altura de tus
expectativas.

¿Y quienes somos nosotros para juzgar a qué altura ha de estar otra persona?

Tal vez es por eso que tanta gente insiste en repetir la frase "no te prometo nada".
Parece que la gente tiende a dar por hechas demasiadas cosas.
Ese es el problema.

Y muchos pretenden demasiadas cosas de los demás.

"Yo creía que no eras así, me has decepcionado".


Lo siento...
Pero el problema lo tienes tú.

jueves, mayo 25, 2006

El friki-test

Parece mentira, tengo por ahí dos post un poco más "serios" y ¿qué posteo?
Mi resultado en el friki test!

Saqué un 20,9%, así que no me preocuparé de momento.

Y tú cuánto eres de Friki??


Pd.: alguna pregunta sobre idiomas me ha recordado a cierta personita :P

lunes, mayo 22, 2006

Los clientes y la orientación

En la oficina en la que trabajo me siento justo en frente de la puerta del piso superior, que es por donde pasan todos los clientes que suben a por el albarán que entregan los comerciales para que después puedan pasar por almacén a recoger la mercancía.
Al lado se encuentra la puerta del wc.
Estoy escondida detrás de mi monitor de 17" pulgadas, y cuando oigo que la puerta se abre, asomo un poco la cabeza y saludo. Por educación más que nada.
La secretaria hace un gesto con la cabeza y suelta una especie de gruñido a modo de saludo. Entre el teléfono, el telefonillo y los clientes que entran está un tanto saturada.
M. es uno de nuestros clientes.
Es un hombre bajito de mediana edad, cara simpática y expresión bonachona.
Entra con una sonrisa de oreja a oreja y hace siempre comentarios sobre la necesidad imperiosa que tenemos la secretaria y yo de tener una bonita planta en la entrada.
Tiene razón, la entrada está bastante desangelada y una planta quedaría genial.
Le reímos las gracias mientras se encamina hacia la mesa de uno de nuestros comerciales.
Después de un rato, vuelve a pasar por delante de nosotras agitando el albarán que le acaban de entregar.
Hace de nuevo los mismos comentarios sobre la planta que no tenemos.
Agarra el pomo de la puerta, se gira, dice adiós con la manita.
Sonrío con todos los dientes y después empiezo a reírme.
Debería decir algo pero la risa me lo impide. Me muerdo la lengua.
Le devuelvo el gesto, le saludo con la mano, como los niños pequeños.
Me devuelve una sonrisa confusa, desaparece y cierra la puerta a sus espaldas.
La puerta del baño.
Después de unos segundos, aparece de nuevo con la cara como un tomate. Mira a su alrededor, me mira.
Intento aguantarme la risa pero no puedo.
Me imagino qué habrá pensado cuando se ha visto de repente delante de un inodoro cuando lo que él esperaba encontrar eran unas escaleras.
M. abre la puerta de la salida pero antes de cruzarla asoma la cabeza, por si acaso.
Esta vez no me saluda.


Esta escena se repite varias veces a lo largo del día, protagonizada por varios clientes, a pesar de que para evitarlo hace meses colocamos un cartel bien grande de "SALIDA" sobre la puerta. Lo peor de todo es que me da la risa y no soy ni siquiera capaz de hacerles sentir mejor diciéndoles que le pasa lo mismo a todos. Se van avergonzados, aunque es una tontería.

Al final acabaré haciendo un estudio sobre la orientación del ser humano.

jueves, mayo 11, 2006

Superando fobias...

Desde que empecé a tener uso de razón me di cuenta de que tenía un problema.
Ese pequeño problema me causaba un malestar enorme, pasaba miedo en algunas ocasiones, también verguenza a veces y además, la gente no lo comprendía.
El problema en cuestión era una reacción física a una fobia, algo bastante común por otro lado, pero claro, no siempre quién no ha vivido algo parcido puede comprenderlo.
En cuanto veía una herida, un corte o algo por el estilo, perdía el conocimiento.
Es más, no me hacía falta verlo siquiera, bastaba una descripción muy breve y plofff! me iba al suelo.

Ahora me resulta casi cómico pero qué mal lo pasaba entonces.

Tengo muchas anécdotas que contar al respecto, algunas de ellas bastante ridículas, otras no tanto.

Como aquella vez en clase, en el liceo italiano de Madrid.
La profesora empezó a explicar unas lecturas en las que al final, al protagonista, le disparaban en las dos manos.
Empezó a dar una serie de detalles terribles y yo levanté la mano y le pedí que me diera permiso para salir, porque para aquel entonces ya sabía que sólo era cuestión de minutos pues reconocía esa sensación horrible desde el principio y además sabía exáctamente cuándo me desmayaría, así que sólo necesitaba sentarme con las piernas en alto para controlar la situación.
La profe se negó a dejarme salir, porque faltaba muy poquito para el cambio de hora y claro... podía aguantarme según ella.
Me entraron ganas de llorar pero no me dio tiempo.
Luego sólo recuerdo que había como 15 niños y niñas a mi alrededor, un par de ellos gritaban que me había muerto, pero yo aún no podía hablar ni moverme, así que intentaba tranquilizarme y cuando por fin pude articular palabra dije : estoy bien!
Ya estaba más que acostumbrada.
Le expliqué a la profesora el por qué de mi desmayo pero ella no me creyó y me dijo que el problema era que no desayunábamos bien y zanjó el asunto invitandome a un colacao con galletas.

En otra ocasión, a los 12 años, una amiga y yo decidimos que queríamos hacernos otro piercing en la oreja izquierda.
Yo no sé cómo se me ocurrió esa magnífica idea.
Decidí que me lo harían a mi primero, porque sabía que si se me adelantaba luego no tendría el valor de hacerlo y así lo hicimos.
Cuando salí de la rebotica de la farmacia empecé a encontrarme mal e intenté sentarme en la banqueta que tenían para el tensiómetro... pero me desmayé antes.
Cuando recobré el conocimiento, el farmaceutico que me había agujereado la oreja me tenía entre sus brazos (oh! qué romántico!) y me dijo:
- Ya sé que soy muy guapo, pero no es para tanto! Como estás?
- Bien.
Y me desmayé otra vez.

Debe ser hereditario, a mi padre le pasa exactamente lo mismo.
Una de sus batallitas preferidas es aquella vez en que estaba en una importante cena de negocios en un lujoso hotel y tuvo que disculparse un segundito con los demás comensales para poder ir a desmayarse cómodamente sobre un sillón que había en el hall.
Cuando se recuperó volvió a la mesa como si nada. Afortunadamente los demás ya habían cambiado de conversación y nadie se dio cuenta de lo ocurrido, excepto la recepcionista, que "por educación" ni le preguntó qué le pasaba o qué tal se encontraba.

Por suerte yo conseguí superarlo "gracias" a una serie de situaciones desagradables, eso sí.
Todavía me mareo un poquito, pero consigo mantenerme en pie, je!
La verdad es que vivir con el pánico de caer desmayada en cualquier rincón no es muy divertido.
Y una vez más se confirma aquello de que no hay mal que por bien no venga...

lunes, mayo 08, 2006

5.05

Me despierto sobresaltada a causa del sonido de mi teléfono móvil.
Lo dejo siempre encendido en la mesilla de noche porque, últimamente, he aprendido que las peores noticias llegan en el momento menos pensado y estar localizable es algo que puede evitar muchos problemas.
Quién me lo iba a decir a mi, con lo que odio los teléfonos móviles.

Mis ojos se posan en el despertador que marca las 5.05
Mi corazón empieza a latir con fuerza y me pongo muy nerviosa, porque pienso que una llamada a estas horas puede suponer solamente malas noticias.

Pulso el botón verde y lo único que consigo articular es:

- ¿Si?-
Al otro lado, una voz masculina que no reconozco me dice con tono alegre, casi cantando:
- Hoooola ¿quién eres?

Me acabo de despertar, pero aún así, mi mala leche está en plenas facultades, porque ese tono me indica que quién llama no tiene ningún tipo de problema y por consiguiente, ninguna necesidad de darme estos sustos:

- ¿Cómo que quién soy? ¿¿Me llamas a las 5 de la mañana para preguntarme quién soy??? ¡¡¡Quién c*ño eres tú!!!
- Jeje... es que, estaba haciendo limpieza en la agenda y ...
- Espera espera... ¿me estás diciendo que me has llamado a las cinco de la mañana para hacer limpieza en la agenda?
- Jejeje, pues... sí
- ...(Y encima se ríe. La gente duerme y no es plan de ponerme a gritar)
- Bueno, para eso y para hacer amigos.
- No se te ocurra volver a llamar.
- jejeje, vale venga, buenas n...

Click.

Horas después, al despertar, me ha entrado la duda de si realmente había ocurrido o había sido solo un sueño.
Me he dicho: "No puede haber alguien tan enfermo", así que he mirado en la lista de llamadas recibidas y... parece que sí lo hay.

Me he pasado media mañana pensando en las cosas que le diría si volviese a llamar.
Yo tampoco soy muy normal...

sábado, mayo 06, 2006

La gente busca... (I)

Cada vez que curioseo entre las claves de búsqueda con las que algunos internautas aparecen en mi blog me pregunto si la gente piensa que Google es una especie de oráculo.
Durante el mes de Abril algunas de las personas que han llegado hasta aquí navegando por la web lo han hecho tecleando estas palabras en los buscadores.

Como recordar el numero de dni
(Ays, si lo averiguas vuelve)

Con cuantas tazas de cafe te da un infarto
(Pues... depende depende, yo me he llegado a tomar 6 en una mañana y sigo aquí)

Conductor novel gasolina
(Eso no lo enseñan en la autoescuela eh!)

Correo electronico colin firth
(Corazón... si lo tuviese, sería mío y sólo mío, mi tesooooorooooo :P)

Cuando los niños dicen ohh
(Es de Povia, en italiano "Quando i bambini fanno oh")

Decorando la paredes de la habitacion pintando figuras
(Pues... que se te de bien!)

Fotos de muchisimas cosquillas
(Cosquillas? no querrás decir rosquillas?)

Ideas para sorprender a mi novio en su cumpleaños
(cuanto te quieres gastar?)

Lo intentado lo juro lo intentado algo perdido
(Por Dios qué angustia)

Me gustan las mujeres timidas me atraen
(hey, soy tu chica :)

Que es un paso de peatones
(No salgas a la calle sol@, por favor)

Que numero le pongo en tarjeta de residente
(Hey, nada de falsificar cositas de esas)

Una taza de cafe corriendo
(Esto... yo que tú dejaría de fumar cosas raras)

Significado del cirio con su respectivo dibujo
(Pero cuando he hablado yo de cirios?)



jueves, mayo 04, 2006

Consideraciones (muy breves) sobre las vacaciones

El lugar en el que he pasado mis vacaciones es justo lo que buscaba, uno de esos sitios en los que me gustaría perderme para siempre, pasar los días barnizando muebles viejos en plena calle, sacar lo justo para vivir vendiendo bisutería artesanal a los turistas y olvidarme de las aglomeraciones de gente y el caos de la ciudad (y alrededores) en general.

Y además...

- He tenido mucho tiempo para meditar sobre algunos aspectos de mi vida que me gustaría cambiar.
- He vuelto muy animada, porque he llegado a conclusiones bastante positivas.
- He podido usar el bikini y las chanclas, el agua estaba bien fría, como a mi me gusta :)
- He recogido una cantidad ingente de caracolas y piedrecitas.
- He visto alguna que otra película.
- He tomado unos cuantos mojitos.
- He llegado a la conclusión de que las zonas del interior de Almería en agosto deben ser el auténtico infierno.
- Me he quemado la mano izquierda cocinando* (nada grave) y he confirmado mi sospecha de que absolutamente en todas las casas rurales de alquiler faltan cuatro elementos que yo personalmente considero indispensables en cualquier cocina**
- He comprobado que la gente del lugar es de lo más amable, tanto que un día para indicarme como llegar al Cabo de Gata se reunió prácticamente un pueblo entero y un ancianito me hizo un mapa genial.
- He apuntado aquí y allá, en notitas sueltas (que seguramente ya habré perdido), varias cosas sobre las que me gustaría escribir algún post.
- He vuelto al trabajo y ha sido mortal pero por suerte sigo en mi fase optimista.

- He empezado a contar cuantos días faltan para las próximas vacaciones.


* A veces tener reflejos puede ser un contratiempo.
Aunque veas que se está volcando, nunca intentes agarrar las asas de una olla caliente si no están recubiertas de plástico.

** Una máquina de café mediana (de las de toda la vida, nada de maquinitas eléctricas)
Un medidor (de esos que sirven para saber cuanta harina le estás echando a la tarta y esas cosas)
Un colador
Un cuchillo que corte de verdad

miércoles, abril 19, 2006

Eva María se fue...

Bueno, pues ahora me toca a mi.
Ya he preparado todo (o casi).
Sólo faltan un par de pequeños detalles como que me devuelvan el coche que llevé a reparar al taller (no os diré a cuanto asciende la factura porque la cifra total da más miedo que el post anterior, creo que basta con decir "correa de distribución" y "ruedas desgastadas" para que os hagais una idea) y también falta que se termine de secar mi pantalón vaquero favorito.
Me voy de vacaciones :)
Se acabaron los días de hospital y creo que ha llegado el momento de tomarme un descanso.
He alquilado una casita preciosa en una playa muy bonita, en el sur, por poquísimo dinero (y menos mal, en vista de lo visto). Se ve que soy la única rara que se va de vacaciones justo después de Semana Santa.
Soy tan optimista que he incluído en la lista de "cosas que llevar" el bikini y las chanclas, espero poder usarlos por lo menos un ratito.
Por lo demás, voy a descansar, a relajarme y a no hacer absolutamente nada.

Nos "vemos" el jueves de la semana que viene.
Portaos mal ;)

martes, abril 18, 2006

Noches de verano

Era una noche de verano como otra cualquiera.
Reunidos y sentados en el muro que había entre la parcela en la que yo vivía y la del vecino, hablábamos de todas aquellas cosas de las que un grupo de niños pre-adolescentes suele hablar.
Comíamos unas frutas parecidas a las moras, recién robadas del jardín de Saturnino, un anciano que vivía dos manzanas más allá que probablemente seguía maldiciendo a esa "pandilla de delincuentes" y planeando una manera para cazarnos la próxima vez.

La conversación iba haciéndose cada vez más aburrida y cada vez participaba menos gente. Cada uno empezó a pensar en sus cosas y de vez en cuando, alguien le pegaba su bostezo a todos los demás.
Después de un rato, Bruno tuvo una idea.
Daríamos un paseo por los alrededores de esa zona residencial, de la que no nos estaba permitido salir, a ver si así nos despejábamos un poquito, pues aún faltaba una hora y media para el toque de queda, las 00.00, y por supuesto ninguno de nosotros estaba dispuesto a volver a casa antes de agotar ese tiempo de libertad que tanto se echaba de menos en invierno.

Bajamos de un salto y salimos a la calle aún sin asfaltar. No nos dirigíamos a ningún lugar en concreto, simplemente nos movíamos bajo las farolas de luz anaranjada, que iluminaban (una sí, otra no, una sí, otra no) nuestro recorrido.
Era una zona muy tranquila y a esas horas no había nadie por allí, más que nosotros.
Empezamos como siempre a perseguirnos y empujarnos, los chicos buscaban insectos para asustar a las chicas y nosotras discutíamos sobre lo infantiles que eran, porque ya nos sentíamos muy mayores.

De repente, uno de ellos se quedó paralizado delante de la tapia de una de las casas vecinas.
Era una casa muy antigua, en la que, por lo que nosotros sabíamos, no vivía nadie.
Nos asomamos todos, para averiguar qué era aquello que había llamado la atención a nuestro amigo.
En medio de la oscuridad del jardín que nadie cuidaba hacía años, donde las malas yerbas crecían a sus anchas, había algo que nos dejó de una pieza.

Sobre una silla de madera antigua, de las de cocina, había una muñeca grande, del tamaño más o menos de una niña de 4 años, con los brazos levantados hacía el cielo, pero lo más inquietante era que estaba atada a la silla con una soga muy gruesa.

Si hubiésemos visto esa misma imagen de día, si hubiésemos sido más mayores, el efecto habría sido muy diferente, pero en aquel momento, con el juego de sombras que proyectaban los árboles y las plantas de aquel jardín, a todos nos pareció sacada de una película de terror.

Salimos corriendo hacía un lugar "seguro": nuestro muro.
Nos subimos a él como pudimos, las chicas nos agarrábamos de las manos, mientras los chicos intentaban quitarle hierro al asunto:
Seguramente alguna niña la habría dejado allí.
¿Pero qué niña habría podido entrar en aquel jardín con una muñeca tan grande a cuestas, si la verja estaba cerrada y la valla que había sobre la tapia medía más de dos metros?
¿Por qué estaba atada la muñeca?

Empezamos a hacer todo tipo de elucubraciones.
Seguramente en aquella casa vivía alguien, la muñeca era de los hijos de los dueños y la había dejado olvidada allí. No era tan descabellado pero todos habríamos jurado que esa casa había estado siempre abandonada.
Solíamos jugar por allí a menudo y nunca vimos a nadie, pero no se nos ocurría ninguna otra explicación.

Estuvimos así unos diez minutos, entre risitas nerviosas y suposiciones, hasta que alguien sugirió acercarnos de nuevo por allí, para así poder investigar un poco más, ver si había alguna otra señal de que la casa estaba habitada, algún coche aparcado en algún rincón de la finca, alguna luz en las ventanas, algo.
Al principio no nos pareció una buena idea, pues estábamos bastante asustados, pero todos coincidimos en que nos habríamos quedado mucho más tranquilos si comprobábamos que no había nada "paranormal" en lo que acabábamos de ver.
Así que nos armamos de valor y empezamos a caminar de nuevo hacía la casa, pero decidimos pasar primero por la parte delantera.
Íbamos muy despacito, alguno estuvo a punto de dar media vuelta pero conseguimos convencernos los unos a los otros de que era mejor si estábamos todos juntos, pues alguien podía ver algún detalle que a otro podía escapársele.
Llegamos hasta allí y empezamos a investigar.
No había coches aparcados, ni luces encendidas, ni ruidos y los cristales de algunas ventanas estaban rotos.
Dimos la vuelta a toda la finca hasta que empezamos a acercarnos al punto en el que habíamos visto la muñeca.

Empezamos a asomarnos despacito, con cuidado...

Pero ya no estaba.
Sólo quedaban la silla vacía y la soga enroscada en el suelo.
Creo que nos quedamos helados durante unos segundos y después volvimos a salir corriendo, pero esta vez, cada uno se fue a su casa.

Y, esa noche, ninguno de nosotros logró conciliar el sueño.


(Y no sé por qué, nadie me cree cuando cuento esta historia)

lunes, marzo 27, 2006

Fashion vacuno

Os presento a mi familia de gatos con complejo de vaca.
Las fotos no son muy allá pero ha sido un triunfo que se estuviesen quietecitos un momento, porque ahora han aprendido a salir de la cesta y no paran.
Me encanta esa mirada entre curiosa y alucinada, creo que no pueden abrir más los ojos!
El padre... no sabemos quién es, pero sospecho de un gato blanco y negro que está siempre dando vueltas por el jardín.

Sólo puedo quedarme con uno y ya sufro pensando en el día en que se tengan que llevar a los otros dos.

PIC_0119
Tres trastitosPIC_0108

¿Alguien quiere un lindo gatito?

miércoles, marzo 08, 2006

Sorpresas

Me dan mucho miedo las sorpresas.
Creo que casi todo el mundo opina que una sorpresa es algo bueno, algo por lo que alegrarse y mucha gente se pasa la vida intentando sorprender a sus seres queridos, maquinando regalos, lugares nuevos a los que les llevará, iniciativas de todo tipo, para sorprender al prójimo.

Pues bien, yo detesto las sorpresas.
Y creo que es una fobia adquirida a causa de una experiencia que tuve el día de mi 18 cumpleaños.

Mi novio de entonces me había estado diciendo durante los dos meses que precedían a tan fatídica fecha, que para mi cumpleaños me tendría preparada una sorpresa increíble, que me iba a dejar con la boca abierta y no veía la hora de que llegara el momento para dármela.
Intenté sonsacarle por todos los medios durante esos 60 días, pero no hubo manera. Todos los días la misma historia, empezaba a picarme y yo, que no soy nada curiosa, me consumía por dentro.

Finalmente llegó tan esperado día y el chico se presentó en mi casa con un paquete plano, enorme, y entonces me llevó a mi habitación, me dió un beso y me entregó el objeto de todas mis maquinaciones.
Recuerdo que pensé enseguida que algo iba mal, pues la forma que tenía el regalo era bastante sospechosa y, evidentemente, no era lo que yo había imaginado.
Se me quedó mirando fijamente a la cara mientras yo lo desenvolvía y de repente comprendí, horrorizada, de qué se trataba:
Un retrato mío, hecho al óleo.

Bueno, quién lea esto puede pensar: mujer, de qué te quejas, si eso es muy bonito, no todo el mundo tiene uno.

Tengo que aclarar que el retrato en cuestión era más digno de presidir el salón de la familia Addams que otra cosa.
En el medio de la composición estaba "yo" (supuestamente) con 120 kg más, el pelo como una escarola y un corpiño verde botella con unos reflejos extraños, tipo sadomaso, que pondría los pelos como escarpias a cualquiera, todo ello sobre un fondo negro-verdoso.
Hay que tener en cuenta que su abuelo, el artista que lo había pintado, no me había visto nunca en persona y se había inspirado en una fotografía. Creo que era la peor fotografía que me han hecho nunca (después de la que llevo en la tarjeta de residencia, esa no tiene precio).
En fin, no sé qué cara puse en ese momento pero sí sé que deseé que se me tragara la tierra.
Creo que el chico se dio cuenta porque enseguida afirmó que su sorpresa no me había gustado.
La verdad es que soy incapaz de decirle a alguien que no me ha gustado un regalo, así que me recompuse como pude, le sonreí y fuimos a buscar las herramientas para colgarlo.

Y el dichoso cuadrito estuvo colgado en mi habitación los siguientes dos años.
Creo que lo que más me alivió cuando rompimos nuestra relación fue poder quitar, por fin, ese adefesio de la pared.

Y por eso, desde entonces, cada vez que alguien me dice: tengo una sorpresa para ti, me echo a temblar.

Puede que también tengan mucho que ver esos programas que alguna vez he visto en la tele, tipo "sorpresa sorpresa", en los que de repente te plantan delante al ídolo de toda tu vida, tu cantante preferido, el actor de tus sueños, el príncipe Carlos o Ronaldiño.

Pero cómo puede ser tan cruel la gente?
Quiero decir... si me vas a mandar a Colin Firth a llevarme el desayuno, avisame!
Pero no, ellos te lo mandan así, por sorpresa, y ahí estás tú con tu cara más espantosa de recién levantada, con tu peor pijama y además desconjuntado, llorando y pensando en ese fabuloso camisón de seda azul que tienes guardadito en el cajón, para las ocasiones especiales.
Y luego dicen : - Ohh, se ha emocionado, mira como llora -.

Pues estoy segura de que la mayoría de los sorprendidos no lloran de emoción.
¡Lloran de vergüenza!


Pd.: Felicidades a todas las mujeres trabajadoras, sobre las que ya escribí un post el año pasado.