viernes, octubre 07, 2005

Tres deseos

Mis planes para el fin de semana:

Sábado por la mañana: relevar a "Felis" en el hospital.
Por la tarde: Comer algo y llevar a D y a P a comprarse algo de ropa.
(Realmente la que necesita ropa es P pero no quisiera que D se pusiera celosona)
Domingo: Probablemente, relevar a "Felis" en el hospital y después ya veremos, quisiera hacer algo "normal" como ir al cine, todo depende del cansancio que lleve encima.

Uuuu!!!! Vaya vida de chica de veintitantos que llevo, es emocionante.
Recuerdo que hasta hace poco solía pensar en mi vida como algo aburrido, monótono.
Deseaba que pasara "algo".
Efectivamente: ha pasado.
Pero yo no me refería a este tipo de "algo".
Será por eso que la gente suele decir: cuidado con lo que deseas, puede hacerse realidad.
Efectivamente.

Esto es como un anuncio que escuché el otro día por la radio.
Se trataba de una persona a la que se le concedían 3 deseos.
Uno de ellos era "quiero dejar de trabajar".
Deseo concedido: Su jefe le despidió.
Y los otros dos deseos no los recuerdo, pero el resultado tampoco era positivo.
Hasta los duendecillos de la suerte son retorcidos hoy en día.


Quiero que ella vuelva a ser como antes.
Quiero que ella vuelva a ser como antes.
Quiero que ...

jueves, octubre 06, 2005

Rita

Las desgracias se suceden.
Una tras otra, van llegando, casi encadenadas, parece que se pongan de acuerdo para causar el mayor daño posible en el momento menos apropiado.
No es un año muy bueno, este.
Se ha llevado unas cuantas ilusiones y ha dejado una sombra oscura revoloteando por mi cabeza.


Alguien muy cercano a mí ha estado a punto de morir y aún sigue muy grave, en el hospital.
Lloré su muerte durante 48 horas en las que nadie daba un céntimo por su vida.

Estuvo en la UCI unos 20 días y los médicos no hacían más que repetir que se quedaría en coma para siempre.
Uno de ellos incluso se atrevió a insinuar que debiamos rezar para que muriese porque morir no era lo peor que le podía pasar.
Yo nunca les creí.

Justo el día en el que ocurrió la desgracia, empezaron a anunciar por la tele la llegada de un huracán que llevaba su mismo nombre y me gustaba pensar que era ella, su alma, aún atada a su cuerpo por un hilo, que estaba desatando su furia en forma de viento, lluvia y destrucción.

Su furia por ser tan joven y sufrir algo tan grave.
Su furia por no poder volver en mucho tiempo a ver a su niña de 11 años.
Su furia por la mala suerte que siempre ha tenido.
Su furia porque los médicos la daban por muerta cuando ella todavía estaba dispuesta a luchar con todas sus fuerzas.

Y un poquito se me contagia y quisiera ser yo también un huracán para poder destrozar alguna que otra cosa y después dispersarme sin más.