jueves, septiembre 01, 2005

Septiembre

Hoy es el primer día de septiembre.
Puede parecer una tontería que diga esto, todo el mundo (o casi) sabe en qué día vive.
Pero ayer estaba pensando en ello y me he puesto a recordar lo que ha significado para mi, durante muchísimos años, esta fecha.
Por estas fechas, cuando era pequeña, veía como, poco a poco, se iba acercando el día de la vuelta al cole y sumergía mi nariz en agendas sin estrenar, con ese olor inconfundible a "nuevo curso".
Automáticamente lo asociaba con una imagen de mi, con la mochila a hombros, cargada hasta arriba, subiendo las escaleras de cualquiera que fuese el colegio en el que me tocaba estudiar ese año, a media luz durante un día de lluvia, el paragüas chorreando a cuestas, bombillas colgadas de un cable allí arriba, lejísimos, porque cuando eres pequeña los techos parecen estar a tres kilómetros por encima de tu cabeza.
Y el típico ruído de pasillo de colegio, otra cosa inconfundible, la banda sonora de media infancia.
El irremediable desorden que se formaba en mi estuche a pesar de los esfuerzos de mi madre por ordenar todas mis cosas: tapones perdidos de rotuladores, lápices sin punta y gomas de borrar rotas... un desastre, como siempre.
Mi consuelo ante la obligatoria aceptación de que acababa de terminar la mejor época del año consistía en pensar que a pesar de todo, en algún lugar del mismo edificio, estaba mi hermana mayor porque ese pensamiento era lo más parecido a estar en casa sin estar realmente en ella.
La emoción que sentía cuando empezaban las clases de dibujo, ante un nuevo proyecto y me iba dando cuenta entonces de que no quería hacer otra cosa en mi vida que no fuese crear, crear y crear...
Hoy por hoy, entre otras cosas, ni siquiera sé cuál es la mejor época del año.