lunes, mayo 23, 2005

Referencias

Me encanta conducir e ir deprisa cuando estoy al volante, no lo puedo remediar.
Antes de subirme en el asiento del conductor me digo a mi misma que no debo correr, que pongo en peligro mi vida y la de los demás, que además me pueden multar y encima gasto más gasolina, pero nada, cuando me siento y arranco se me va el pie derecho solo. Y eso, durante los viajes largos por autovía o autopista, es un problema, porque muchas veces sin darme cuenta me pongo a 180.

Así que, para solucionar mi problema, he encontrado un método bastante bueno.
Cada vez que hago un viaje largo elijo un conductor referencia.

En cuanto salgo a la carretera, me voy fijando un poco en la velocidad y la constancia de la misma que llevan los demás vehículos.
Y entre todos ellos elijo a mi conductor-referencia.

Suele ser alguien que lleve un coche de prestaciones parecidas a las que tiene el mío y se mantenga sobre los 120-140 Km/h, que lleve una conducción prudente y que soporte la presión de ser mi conductor-referencia.
Una vez elegido, me sitúo detrás de él, manteniendo una buena distancia de seguridad, y viajamos juntos.

Adelanto cuando él adelanta y le sigo durante todo el trayecto.
Me prohibo adelantarle porque es mi referencia.

En algunas ocasiones los conductores-referencia parecen molestarse por mi manera de actuar.
Porque mis conductores-referencia suelen ser buenos conductores y, como es lógico, se dan cuenta de que les voy siguiendo.
Algunos intentan deshacerse de mi y eso es un incordio, porque ello supone un incremento en su velocidad y por lo tanto, dejan de cumplir con los requisitos para ser mis conductores-referencia y tienen que ser sustituidos por otro.

También he descubierto que este es un buen método para mantener la concentración durante viajes largos.
El hecho de seguir a alguien te hace estar más despierto o al menos, eso me pasa a mi.

El mejor condutor-referencia que he tenido me ha durado todo el viaje.
Unos 400 Km. en los cuales hemos ido prácticamente todo el trayecto uno detrás de otro.
Llevaba un coche igual que el mío pero en azul oscuro.
Era un hombre que viajaba con un señor mayor a su lado y una mujer en el asiento trasero.
Me dio pena separarme de él cuando llegué a mi salida.

Me pregunto si le habrá dado pena a él también.

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