viernes, mayo 20, 2005

Nudos II

He soñado con mi abuela dos noches seguidas.
El primer sueño no lo recuerdo, pero sé que ella estaba allí y me desperté con un sentimiento enorme de nostalgia y añoranza.

El segundo sueño lo recuerdo de manera borrosa.
Pero sé que ella volvía a estar allí y me miraba perpleja.
Era la primera vez que me veía con el peinado que llevo últimamente y se extrañaba, me daba consejos sobre ello, como siempre.

Ha pasado mucho tiempo desde que ella desapareció.
No pudimos despedirnos, la culpa fue mía.
Los últimos años de su vida los desconozco casi por completo.
Sólo sé que estaba mayor y que en su entorno no la cuidaban como debían.
Sólo hablaba con ella en ocasiones especiales, por teléfono y a veces me molestaba tener que hacerlo.
Y ahora, me avergüenzo por ello.

El otro día, en el supermercado, ví sus ojos, pero los llevaba otra mujer.
Muy maquillados, como a ella le gustaban.
Y algo se me estremeció por dentro.
Creo que a ella le gustaría saber que esa mujer los cuida y los maquilla con cuidado, como ella lo haría.

La distancia ha amortiguado un poco el dolor de mi pérdida.
Parece que la vida sigue igual o, lo que es peor, la vida SIGUE IGUAL, pero ella ya no existe.
Me siento culpable por ello. No por su desaparición, sino porque mi vida sigue tan descaradamente inalterada que me da escalofríos pensar en ello.

Y pienso en todas aquellas cosas que pude darle y no le di.
Y en todas aquellas cosas que debería haberle dicho y no le dije.
Todas las veces que pude ir a verla y no fui, porque los kilómetros que nos separaban eran muchísimos, pero esa excusa no hace que me sienta mejor.
Estas frases son tan típicas y simples que parecen de mentira, pero es así, es terriblemente sencillo.

A veces pienso que es como si la perdiera un poquito, cada día.
A veces, como hoy, lloro un poco más su pérdida.

Pero, luego, todo sigue igual.

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