miércoles, mayo 25, 2005

Agrhhh II

Odio, odio, odio, odioooo a la gente que entra en la oficina donde trabajo, con el teléfono móvil pegado a la oreja y no se digna ni a mirarme cuando entra por la puerta.

Heyyyy, estoy aquí ehhh! Te he abierto la puerta y estoy justo delante de ella.
¿Dónde está tu educación?
¿Dónde están mis buenos días?

Y el colmo es cuando encima de entrar y dirigirse directamente al departamento comercial sin dignarse ni a mirarme (como si el hecho de tener la mesa delante de la puerta y darle a un botoncito para abrirla cuando llaman te proyectara directamente a una categoría tan inferior al resto de la humanidad como para no merecer ni un saludo por educación) dejan la maldita puerta abierta de par en par y me tengo que levantar yo a cerrarla.

¡Gggggggggggrrrr!

lunes, mayo 23, 2005

Referencias

Me encanta conducir e ir deprisa cuando estoy al volante, no lo puedo remediar.
Antes de subirme en el asiento del conductor me digo a mi misma que no debo correr, que pongo en peligro mi vida y la de los demás, que además me pueden multar y encima gasto más gasolina, pero nada, cuando me siento y arranco se me va el pie derecho solo. Y eso, durante los viajes largos por autovía o autopista, es un problema, porque muchas veces sin darme cuenta me pongo a 180.

Así que, para solucionar mi problema, he encontrado un método bastante bueno.
Cada vez que hago un viaje largo elijo un conductor referencia.

En cuanto salgo a la carretera, me voy fijando un poco en la velocidad y la constancia de la misma que llevan los demás vehículos.
Y entre todos ellos elijo a mi conductor-referencia.

Suele ser alguien que lleve un coche de prestaciones parecidas a las que tiene el mío y se mantenga sobre los 120-140 Km/h, que lleve una conducción prudente y que soporte la presión de ser mi conductor-referencia.
Una vez elegido, me sitúo detrás de él, manteniendo una buena distancia de seguridad, y viajamos juntos.

Adelanto cuando él adelanta y le sigo durante todo el trayecto.
Me prohibo adelantarle porque es mi referencia.

En algunas ocasiones los conductores-referencia parecen molestarse por mi manera de actuar.
Porque mis conductores-referencia suelen ser buenos conductores y, como es lógico, se dan cuenta de que les voy siguiendo.
Algunos intentan deshacerse de mi y eso es un incordio, porque ello supone un incremento en su velocidad y por lo tanto, dejan de cumplir con los requisitos para ser mis conductores-referencia y tienen que ser sustituidos por otro.

También he descubierto que este es un buen método para mantener la concentración durante viajes largos.
El hecho de seguir a alguien te hace estar más despierto o al menos, eso me pasa a mi.

El mejor condutor-referencia que he tenido me ha durado todo el viaje.
Unos 400 Km. en los cuales hemos ido prácticamente todo el trayecto uno detrás de otro.
Llevaba un coche igual que el mío pero en azul oscuro.
Era un hombre que viajaba con un señor mayor a su lado y una mujer en el asiento trasero.
Me dio pena separarme de él cuando llegué a mi salida.

Me pregunto si le habrá dado pena a él también.

viernes, mayo 20, 2005

Nudos II

He soñado con mi abuela dos noches seguidas.
El primer sueño no lo recuerdo, pero sé que ella estaba allí y me desperté con un sentimiento enorme de nostalgia y añoranza.

El segundo sueño lo recuerdo de manera borrosa.
Pero sé que ella volvía a estar allí y me miraba perpleja.
Era la primera vez que me veía con el peinado que llevo últimamente y se extrañaba, me daba consejos sobre ello, como siempre.

Ha pasado mucho tiempo desde que ella desapareció.
No pudimos despedirnos, la culpa fue mía.
Los últimos años de su vida los desconozco casi por completo.
Sólo sé que estaba mayor y que en su entorno no la cuidaban como debían.
Sólo hablaba con ella en ocasiones especiales, por teléfono y a veces me molestaba tener que hacerlo.
Y ahora, me avergüenzo por ello.

El otro día, en el supermercado, ví sus ojos, pero los llevaba otra mujer.
Muy maquillados, como a ella le gustaban.
Y algo se me estremeció por dentro.
Creo que a ella le gustaría saber que esa mujer los cuida y los maquilla con cuidado, como ella lo haría.

La distancia ha amortiguado un poco el dolor de mi pérdida.
Parece que la vida sigue igual o, lo que es peor, la vida SIGUE IGUAL, pero ella ya no existe.
Me siento culpable por ello. No por su desaparición, sino porque mi vida sigue tan descaradamente inalterada que me da escalofríos pensar en ello.

Y pienso en todas aquellas cosas que pude darle y no le di.
Y en todas aquellas cosas que debería haberle dicho y no le dije.
Todas las veces que pude ir a verla y no fui, porque los kilómetros que nos separaban eran muchísimos, pero esa excusa no hace que me sienta mejor.
Estas frases son tan típicas y simples que parecen de mentira, pero es así, es terriblemente sencillo.

A veces pienso que es como si la perdiera un poquito, cada día.
A veces, como hoy, lloro un poco más su pérdida.

Pero, luego, todo sigue igual.