jueves, abril 14, 2005

Aquellos maravillosos años

Ayer entré en una web en la que, si quieres y tienes un poquito de suerte, puedes contactar con los que fueron tus compañeros de clase.
No guardo amistad con ninguna de las personas que estudiaron conmigo, no sé nada de ellas, ni siquiera por terceras personas o amigos en común.

Y empecé a fantasear pensando que podría recibir un correo electrónico de alguien que hace más de 13 años que no veo.

Y en lo que nos diríamos si quedáramos para tomar un café, lo que pensaríamos el uno del otro, la cantidad de cosas que nos contaríamos, la historia de más de 10 años, resumida delante de un cappuccino.
Es una idea que me encanta.

Se me hace raro imaginarles trabajando, teniendo niños, casándose.
En mi cabeza y hasta que no les vuelva a ver, seguirán siendo pequeños siempre.

Me gustaría saber qué fue de ellos, cómo les va y si se acuerdan de que hace más de 13 años había en su clase una niña callada, tímida, algo despistada y malísima con las mates.

Yo les recuerdo a todos, con nombres y apellidos.
Me acuerdo de los enormes bocadillos que M. se traía para el recreo, con múltiples pisos y toda clase de ingredientes.
Las obras de teatro gracias a las cuales conseguíamos escaquearnos de alguna que otra clase de lengua.
Las fiestas de los cursos superiores en el gimnasio del colegio.
Los partidos de voley contra el Liceo Francés.
Los ensayos del coro en el salón de actos y mil cosas más.

Sólo me queda cruzar los dedos y esperar.

miércoles, abril 13, 2005

No sé contar

No soy capaz de contar a los demás las cosas que me pasan.
Me he dado cuenta hoy, más que nunca, hablando con una amiga por teléfono, sobre el fin de semana pasado.
Ella me pregunta que tal, yo contesto: bien.
No me salen más palabras.
No soy capaz de empezar a contar qué he hecho, qué he visto, con quién he estado...


Mis amigas son todo lo contrario, cuentan todo, con pelos y señales, incluso las cosas que no tienen que ver directamente con ellas.

Así, como un culebrón, vivo las historias de las amigas de mis amigas, tanto que ya es inevitable que cada vez que hablo con ellas les pregunte que tal menganita con el novio y que tal fulanita con aquel lío en la universidad, aunque no las conozca ni de vista.
Y cuentan como se sienten, qué les duele, todo lo que piensan aunque sean cosas sin importancia.

He intentado analizarlo un poco y creo que el mío es un problema básicamente de autoestima.
Porque quizá el hecho de tener la necesidad de contar en todo momento y a todo el mundo qué pasa por tu cabeza, como te sientes, qué vas a hacer e incluso con cuanta frecuencia vas al w.c. puede estar directamente relacionado con la importancia que te das a ti mismo.

Y yo no me siento lo suficientemente importante como para pensar que a los demás les puede interesar con cuanta frecuencia voy al w.c.
Soy callada, introvertida...también soy sensible ... pero temo que las dos primeras cualidades tapan todas las demás y lo único que parece es que soy una persona borde y poco accesible.

viernes, abril 08, 2005

Retama

Qué extraña es la memoria y qué extraña es la forma que tiene cada uno de gestionarla.
Lo que para algunas personas son situaciones, frases o hechos inolvidables, para otros pasan del contacto visual o auditivo a la papelera, sin ni siquiera pasar por el cerebro.

¿Qué es lo que hace que cada uno le dé un grado de importancia distinto a cada acontecimiento vivido, a cada frase escuchada?

Así nos encontramos un día, charlando con otra persona, recordando un momento en particular, en el que ella también estaba presente y nos damos cuenta de que, lo que para nosotros es un recuerdo clarísimo, de esos que, al cerrar los ojos te parece estar viviendo todavía, estar sintiendo su olor y su tacto… para tu interlocutor, que también estaba allí, ha pasado directamente a ser un hecho falto de cualquier atisbo de recuerdo.

Empecé a darle vueltas a este tema ayer, estando en el coche con mi padre.
Todo surgió mientras hablábamos sobre su última creación: Un horno de leña para el jardín.

Él me comentaba que necesitaba encontrar retama en algún sitio para así poder fabricar una escoba con la que limpiar el interior del horno, eliminar la ceniza y dejarlo listo para la próxima utilización.

Automáticamente, al escuchar la palabra retama, como un flash, me vino a la cabeza un recuerdo de mi infancia en el que…

…aparecía mi madre haciendo malabares en una zanja, en el lateral de una carretera de campo, para arrancar un ramo de retama y ponerlo de adorno en el jarrón de la mesa del comedor…

… mi madre no sabía que la retama, sin una herramienta adecuada como puede ser un cuchillo o unas tijeras, es imposible de cortar.
Y allí estaba ella, colgada literalmente de aquel ramo, tirando con todas sus fuerzas en el lateral de aquella zanja, hasta que se le resbalaron las manos y acabó dando con sus huesos en el suelo y rompiéndose el tacón de uno de sus zapatos.
Se quedó en el suelo partiéndose de risa un buen rato y luego se levantó y volvió como buenamente pudo con sus maltrechos zapatos al coche y diciendo: la próxima vez me traigo unas tijeras.

Y mi padre estaba al volante de aquel coche, pero no se acuerda de nada.

jueves, abril 07, 2005

¡¡Agrh!!

Yo, a las personas que, de repente, se ponen a hacer ruido sólo por el simple disfrute de verificar cuanto jaleo son capaces de hacer con las herramientas que tienen más a mano (ya sea un boli, o sus propias manos, los tacones de sus zapatos, etc.), no las soporto.

Tengo un compañero de trabajo que, en cuanto dan las 14 y empieza la hora de descanso para la comida, saca una pelota de tenis y empieza a hacerla rebotar contra la mampara de contrachapado que tiene justo en frente de su mesa y arma un escándalo enorme.
Si fuese un crío, lo comprendería, pero no es el caso.

¿Por qué no te pones a buscar fotos porno en internet y dejas de dar el coñazo?

lunes, abril 04, 2005

Con buen pie

Esta mañana, llego a la gasolinera para repostar y hay muchísima cola.
Bueno, no importa, espero escuchando musiquita en mi coche.
Ya hay algo que me mosquea porque uno de los chicos que te echan la gasolina me empieza a hacer aspavientos y los demás se le quedan mirando con cara de asombro, como diciendo “este está loco”.
Como se me da genial hacerme la despistada, hago como que no he visto nada y sigo cantando a voz en grito “Angie” de los Rolling.

Por fin es mi turno.
Me bajo del coche cartera en mano y viene el de los aspavientos a atenderme.
No me da tiempo a decirle que me llene el depósito que empieza a gritarme, pero mirando hacia otro lado, que está hasta los cojones de que todo el mundo vaya a esa puta gasolinera, que hay muchas más gasolineras en el pueblo y por qué coño tenemos que ir todos a esa.

¿Por qué me empiezo a cabrear seriamente cuando ya no puedo hacer nada para descargar mi enfado?
Porque, sin decirle nada, le he pagado y me he ido.
Pero cuando estaba a varios Km. De allí me he empezado a preguntar por qué, ¿¿¿¿por qué no le he pegado una buena contestación y no he puesto una reclamación????

¿Es normal que me haya pasado todo el camino hasta mi trabajo (unos 50 Km.), imaginando las cosas que tendría que haberle dicho a ese imbécil?
En situaciones como esta, no me soporto.

Bonita manera de empezar el día.

viernes, abril 01, 2005

Mi Estupendo

Molestabas a las niñas, de pequeño.
Te dedicabas a tirarles de las trenzas a aquellas criaturas que paseaban por el parque enfundadas en suaves vestidos rosa y recogiendo margaritas con las manitas limpias.
Tramabas bromas pesadas y sustos tremendos.
Planeabas la mejor manera de hacerlas chillar con todas sus fuerzas.
Disfrutabas viendo sus caras indignadas.
Amenazando con manchar sus ropas con tus manos sucias de barro y chocolate.

Te gustaban.

Y habrías querido que te tragase la tierra si algún día, alguno de tus amigos se hubiese enterado de que defendiste a aquella niña morena, de ojos verdes, el día en el que el más prepotente de la clase intentaba quitarle su merienda.


Así es como te imagino de niño y así es un poco como sigues siendo ahora:

Travieso pero adorable.

Ayer empecé a escribir sobre ti y qué sorpresa, esa misma tarde me mandaste un mensaje. Nuestra extraña relación, que no sabría muy bien como definir, está tejida con casualidades y coincidencias.
Por eso es tan especial.

Y por eso, a pesar de todo, es como si fueras un pedacito de mi y tengo una espina clavada muy profundamente, desde aquel día en el que me contaste...

Que te mejores pronto, "estupendo".