Es increíble como el mismo sitio puede dejarme boqueabierta una y otra vez.
Iba con el miedo que se tiene cuando no vas a un lugar especial durante mucho tiempo... miedo a que haya cambiado, miedo a que tu cabeza de niña facilmente impresionable te haya jugado una mala pasada y la idea que tienes en mente no corresponda con la realidad.
Miedos infundados, porque es aún más bonito de cómo lo recordaba, es una ciudad grandiosa en todos los sentidos.
Y me quité de encima los topicazos absurdos que me acompañaban desde la última vez que fui.
Puede que en estos años los parisinos se hayan abierto más o puede que en mi anterior experiencia tuviera mala suerte.
La gente, en general, se esfuerza por hacerse entender e incluso intentan chapurrear algo en castellano o italiano.
Lo que uno no puede hacer es llegar a otro país y soltar la retaila en el propio idioma pretendiendo que le entiendan.
El metro, que recordaba como algo moderno y muy rápido, esta vez me pareció desastroso comparado con el de Madrid.
Los precios por las nubes como siempre y como siempre te cobran por todo, incluso para usar el wc.
Y me ha entrado el gusanillo de aprender francés.
Y me he dado cuenta de que mi inglés es pésimo.
Y de que hay italianos en todas partes y que tengo un imán con mis compatriotas porque esté donde esté, siempre viene algún italiano a preguntarme algo.
Y la torre Eiffel me sigue hipnotizando, no puedo remediarlo.


